¿Todos somos uno?

Minuto de silencio tras los atentados de Barcelona y Cambrils ante la Junta General del Principado.

Mario José Diego Rodríguez / Sindicalista jubilado.

El odioso atentado perpetrado el 17 de agosto en Barcelona se suma a los odiosos y horrorosos atentados de estos últimos años, sean donde sean y hablen la lengua que hablen las víctimas. Este atentando, como todos los otros, pretende acallar a todos aquellos que individual o colectivamente utilizan la libertad para expresar sus opiniones o defender sus reivindicaciones e intereses. Solo puedo expresar mi sincera solidaridad y condolencias con las familias de las víctimas.

Los descerebrados de Barcelona que emplean tales métodos no difieren en nada de los de Siria, Irak, Francia o Bélgica, no solo son los enemigos de los “infieles”, sino, y sobre todo, los enemigos de la población y de los trabajadores, de su libertad para expresarse y organizarse.

Cualquiera que sea la ideología de la que se arropen los terroristas, sus métodos solo tienen un objetivo: imponer una dictadura a la población o a parte de ella. Tales métodos, ya sean utilizados por los Estados o por grupos intentando constituir un poder de Estado, tiene una sola razón de ser: aniquilar toda opinión divergente dirigiendo sus ataques, siempre y ante todo, contra los explotados que utilizan su libertad para luchar contra su explotación.

Dicho esto, detrás de los discursos de solidaridad, de los minutos de silencio y de las lágrimas de cocodrilo que el Gobierno y otros derramarán, no habrá que olvidar la responsabilidad de éste, como la de los respectivos Gobiernos de los otros países occidentales, que llevan décadas bombardeando y saqueando regiones enteras en el mundo, defendiendo los intereses de las multinacionales que operan en esas regiones.

Debido a algunos canallas descerebrados, la burguesía, por intermedio de sus Gobiernos, quiere acreditar la idea de que todos somos uno, por lo que nuestros intereses son idénticos. Quieren hacernos cómplices en su combate por, según ellos, salvar la democracia. ¿Qué democracia? ¿Estamos seguros de que el término democracia tiene la misma significación para todos?

¿Para los que emplean a la Guardia Civil para suplir a los trabajadores de Eulen en El Prat y para los huelguistas?

¿Para los que votaron las leyes mordaza como para las víctimas de esas leyes?

¿Para los instaladores de concertinas como para los que las intentan saltar?

¿Para los que niegan el derecho a decidir como para los que lo reclaman?

Si las víctimas de Barcelona, como las de todas las ciudades en las que similares descerebrados sembraron muerte y desolación, son nuestras víctimas, las guerras y bombardeos para imponer los intereses propios de las multinacionales a una parte del mundo son sus guerras.

No nos dejemos engañar, la emoción y la rabia legítimas no deben llevarnos a pensar que nuestros intereses coinciden con los que dominan el mundo y sus representantes. Defender nuestros propios intereses es la única manera de poner fin a esta barbarie.

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