Trata de datos en la era de Facebook

The Wall Street Journal ha publicado, recientemente, un reportaje sobre las aplicaciones que todos los días nos encontramos en Facebook y la información que recogen sobre nosotros. Orientación sexual, creencias religiosas, datos y fotos de nuestros amigos… No parece el tipo de información que pudiera resultar esencial para un videojuego sobre granjas y acres de tierra. El usuario de Facebook siempre tiene la elección o no de facilitar todos esos datos a las aplicaciones. Sin embargo, no es una auténtica opción la que uno no tiene más remedio que tomar.

¿Qué necesidad hay de ceder nuestra información a un test para averiguar cuál era nuestro Power Ranger favorito? Cierto es que muchas de las aplicaciones tienen fines prosaicos, cuando no insulsos. Sin embargo, otras se encuentran mejor situadas respecto a nuestra necesidad de consumir información y un fenómeno del mundo real que se ha trasladado a la red con una ferocidad inusitada.

Presión social

Un gran porcentaje de fumadores reconoce haber empezado en el tabaco debido a la presión social. Hasta hace pocos años, fumarse un cigarro era, entre otras cosas, un signo de rebeldía; incluso los iconoclastas tienen comportamiento gregarios, y fumarse un pitillo era parte fundamental de ese convencionalismo, tan moderno. El poder que ejerce la presión social quedó definitivamente demostrado cuando millones de personas fueron capaces de aspirar una sustancia tóxica plagada de metales y elementos químicos cancerígenos para ser “gente relajada”. Sin establecer, claro está, comparativas a nivel sanitario, muchos elementos en el mundo de la tecnología responden al mismo patrón.

Tomemos, como ejemplo, a WhatsApp. Este programa, disponible para las plataformas móviles Android e iOS, permite el envío gratuito de mensajes instantáneos a cualquier contacto que también tenga instalada la aplicación. Al no requerir registro de usuario para su funcionamiento y nutrirse de nuestra agenda de contactos, la aplicación ha corrido como la pólvora llegando a auténtica superpoblación en profesiones como el periodismo.

WhatsApp parece responder a los requisitos de una aplicación: hace una cosa y la hace bien. Sin embargo, e terrible descuido con el que maneja la seguridad de los datos no ha pasado inadvertido a los especialistas. En Security By Default llevan ya una extensa saga dedicada a glosar los imperdonables errores de su programación que podrían poner en bandeja datos muy sensibles a cualquier intruso con habilidades informáticas medias.

Todos continúan -continuamos- utilizando la aplicación. Es la presión social: entre proteger nuestra privacidad y la angustia que nos produce romper un vínculo con el grupo preferimos, a todas luces, el primer riesgo antes que el segundo.

Compartir es más fácil

Desde que Facebook activara una funcionalidad denominada frictionless sharing, cualquier usuario que tenga agregada una aplicación como la de Yahoo! Noticias o la del propio Wall Street Journal puede compartir lo que está leyendo sin necesidad de darle a un botón. Lo mismo sucede con Spotify: La posibilidad de comunicar en tiempo real lo que estamos escuchando a nuestros amigos sin nuestro consentimiento previo es tan cómodo como -en ocasiones- embarazoso.

Esta función, que desató una oleada de críticas, es utilizada ahora por muchas personas sin mayor queja, mientras continúan aceptando guerras de almohadas, sonrisas locas y cientos de cuestionarios que ceden nuestra información a personas y compañías desconocidas. Todo sea por no quedar mal con el amigo que, tan amablemente, nos ha remitido una solicitud para formar parte de su ciudad fortificada.

Dale a “pause”

Afortunadamente, revisar y cancelar las cesiones de datos a terceros en Facebook es tan sencillo como visitar este enlace y eliminar todas aquellas aplicaciones que no estemos utilizando activamente. Por otra parte, también es más que recomendable reducir  la información que pueden compartir nuestros amigos sobre nosotros en la sección Cómo las personas usan tu información en las aplicaciones que utilizan, desmarcando todas las casillas posibles.

De cualquier modo, no tendremos más remedio que alzarnos, aunque sea en parte, contra la presión social. De lo contrario, puede que ese dolor que sentimos en nuestra privacidad acabe metastatizando.

Imagen: Flickr | Striatic

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