Un Tigre sin dinero enamorado de la buena literatura

Mario Martín Gijón dedica unas palabras a los concurrentes a la cena del XXXIV Premio Tigre Juan. Fotografía: Carlos A. Jaramillo (Cronistar).

Blanca M. García / Periodista. De la suerte de la Transición al abandono total por parte de las Administraciones. Un tercio de siglo después de que viera la luz en el pub de Belarmino Álvarez Otero, el premio de literatura Tigre Juan recayó, en su XXXIV edición, en el escritor Mario Martín Gijón (Badajoz, 1979) por su obra de relatos Inconvenientes del turismo en Praga y otros cuentos europeos (KRK ediciones). El jurado también decidió declarar finalista la obra Ensimismada correspondencia (Lengua de Trapo), de Pablo Gutiérrez (Huelva, 1978).

El fallo se hizo público ayer, viernes, minutos después de la nueve de la noche durante la primera cena que el certamen celebra al abrigo del restaurante ovetense Traslaburra, al que acudieron numerosas personalidades vinculadas al mundo de la cultura, pero ni un solo representante institucional. El presidente de Tribuna Ciudadana, Alfonso Toribio, confió, no obstante, en poder “recabar el apoyo de las Administraciones” y que éstas sean conscientes “del interés” que tiene la ciudad de Oviedo en que el premio no se vea abocado a su desaparición.

Este es el tercer año en que el Tigre Juan sobrevive frente a viento y marea. Desde la edición de 2010, el Ayuntamiento de Oviedo ha obviado por completo el apoyo que venía ofreciéndole. Para evitar que muriera, personas como Lola Fernández Lucio y su marido, Juan Benito Argüelles, fundadores del premio y de Tribuna Ciudadana –encargada de respaldarlo en la actualidad–, decidieron renovar su propiedad intelectual. “No quería darle ese disgusto a mi marido”, reconocía Fernández Lucio.

El Tigre Juan carece hoy por hoy de dotación económica y su jurado –presidido por Lola Fernández Lucio y compuesto por María Jesús Polledo, Vanessa Gutiérrez, Eduardo San José y Fernando Menéndez– colabora de forma desinteresada. “Se empiezan las casas por el tejado y no puede ser. El entusiasmo y la voluntad es lo que hace que las iniciativas que merecen la pena se mantengan en pie”, explicaba durante la cena Fernández Lucio, que ha vivido en esta edición su primera experiencia como jurado –anteriormente había sido prejurado–. También ha sido necesario realizar cambios en las bases. Si originariamente reconocía una novela inédita y más tarde la primera publicada, el objetivo ha pasado a ser otro: disponer de un premio de la crítica que reconozca las novedades narrativas que están en el mercado y que no reciben de los medios de comunicación la atención que merecen.

Así es como ha logrado alzarse con esta edición Mario Martín Gijón con su primer libro de relatos, del que el jurado destacó su “brillantez y singularidad” como “un consumado creador de personajes”. Inconvenientes del turismo en Praga y otros cuentos europeos “traza el mapa de una Europa secreta y humana, minúscula, frente a la vieja Europa que se desangra a golpe de grandes titulares de prensa y de solemnes decisiones institucionales”, indicó el secretario del jurado, Fernando Menéndez, durante la lectura del acta. El autor extremeño, único de los cuatro finalistas que asistieron a la cena, pronunció unas breves palabras para mostrar su agradecimiento.

Uno de los principales motivos que habían llevado a Martín Gijón a publicar su obra en la editorial asturiana KRK fue seguir el ejemplo de Ricardo Menéndez Salmón, que había hecho lo propio con tres de sus novelas. Doctor en Filología Hispánica y profesor universitario en Cáceres, Mario Martín es autor de varios libros de ensayo –Una poesía de la presencia. José Herrera Petere en el surrealismo, la guerra y el destierro, Los (anti)intelectuales de la derecha en España. De Giménez Caballero a Jiménez Losantos y La patria imaginada de Máximo José Kahn. Vida y obra de un escritor en tres exilios– y de poesía –Latidos y desplantes y Rendición–.

De Pablo Gutiérrez el jurado ensalzó su “particular voz narradora” y su capacidad para crear “universos que se gestan a sí mismos en la extraordinaria plasticidad del lenguaje”. A la final del XXXIV Premio Tigre Juan también habían llegado Trizas, del vallisoletano Luis Marigómez (Huerga y Fierro) y Un montón de gatos (Caballo de Troya), una traducción del original vasco de la escritora Eider Rodríguez.

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