Urbanismo participativo en Oviedo: los vecinos presentan un proyecto de bulevar

Estado actual y recreación de la propuesta vecinal a la altura de Santullano. Infografía / Alberto José Villota Morán.

Estado actual y recreación de la propuesta vecinal a la altura de Santullano. Infografía / Alberto José Villota Morán.

El 15-M no solo ha servido para que los ciudadanos se organicen y se movilicen contra los desahucios y los abusos de los bancos. También en áreas tan aparentemente complejas como el urbanismo este movimiento ha conectado en algunos lugares con los vecinos, que elaboran sus propios proyectos. Los de dos barrios de Oviedo han presentado una propuesta rigurosa, elaborada participativamente, para evitar los desastres que provoca la autopista, aunque de momento el Ayuntamiento la ignora. La detalla para esta revista el arquitecto Manuel Carrero, uno de los protagonistas más activos de esta iniciativa.

Imagina un bulevar

Manuel Carrero de Roa / Doctor arquitecto y miembro de la plataforma “Imagina un bulevar”.

Asistimos en los últimos años a un renacimiento de la conciencia ciudadana acerca de la necesidad urgente de invertir el paradigma urbanístico actual, basado en un sistema capitalista de producción de terrenos urbanizados, que antepone los intereses particulares (propietarios de suelo, entidades financieras, empresas inmobiliarias) al interés general, y que constituye un caldo de cultivo perfecto para la corrupción y la especulación. Esta conciencia cívica se materializa en un conjunto de iniciativas que cabría agrupar bajo la noción de Urbanismo Participativo, cuyos antecedentes se sitúan en los movimientos vecinales que, durante la transición democrática, reivindicaron condiciones de vida dignas en los inhóspitos barrios del Desarrollismo. Frente a los procedimientos de participación estrictamente formal previstos en la legislación urbanística, reducidos a periodos de información pública y alegaciones, estos colectivos reclaman el protagonismo directo y sin intermediarios de la ciudadanía en la toma de decisiones que afectan a la construcción de su entorno.

Un ramal para un centro comercial

Es bajo estas premisas y en este contexto cuando surge a finales de 2012 en Oviedo una experiencia innovadora de Urbanismo Participativo, con formato de plataforma ciudadana, denominada “Imagina un bulevar”. En el proyecto convergen las asociaciones de vecinos de dos barrios del sector Este históricamente deprimido y segregado de la ciudad, Nuevo Ventanielles y Guillén Lafuerza, y el grupo de trabajo interdisciplinar sobre Urbanismo nacido del Movimiento 15-M de Oviedo. Como detonante de su formación, la obstinación del Ayuntamiento en abrir un cuarto ramal en el enlace de la autopista A-66 a la altura de El Rubín, a escasos metros de una zona consolidada por la edificación y con una alta densidad de población. La movilización de los vecinos afectados no consiguió su objetivo y finalmente el ramal fue ejecutado, contradiciendo al propio ex alcalde Gabino de Lorenzo, quien en un decreto de 2006 -cuando el promotor de la obra era el Ministerio de Fomento- lo calificó como “notablemente perjudicial para la calidad de vida de los vecinos”, y beneficiando así exclusivamente al Centro Comercial Los Prados con un nuevo acceso rodado directo para sus clientes.

Pero, en el curso de las movilizaciones, los vecinos cayeron en la cuenta de que, más que el cuarto ramal, era la propia autopista la responsable del deterioro de sus condiciones de vida y del aislamiento que sufren sus barrios. Así que, aplicando a su acción la metodología de proyecto, comenzaron analizando la situación actual para descubrir, entre otros impactos negativos, que la autopista y los casi 32.000 vehículos que diariamente transitan por ella son responsables de que alrededor de 12.000 personas estén expuestas diariamente a niveles de ruido superiores a los considerados admisibles por la OMS y de que el área -que incluye, además de zonas residenciales densamente pobladas, colegios e institutos públicos y hasta un hospital central- presente los niveles de contaminación atmosférica más elevados de toda la ciudad. Esta infraestructura viaria, abierta en 1976, responde a una visión funcionalista de la ciudad ya felizmente superada, en la que la fluidez del tráfico prevalecía sobre cualquier otra consideración. Para facilitar el acceso fluido de los automóviles al mismo borde del casco histórico, casi al pie de la catedral ovetense, la autopista tajó en dos la colonia obrera de Guillén Lafuerza, cercó la barriada de Ventanielles convirtiéndola en un gueto y saqueó el entorno monumental de la iglesia de Santullano. Como resumen de la fase de análisis, la Plataforma concluye que, en la actualidad, la autopista se ha convertido en un simple colector de vehículos, un espacio residual, ambientalmente degradado e indigno de su condición de acceso principal a Oviedo, una enorme barrera urbanística (más de 2 km de longitud y 240.000 m2 de superficie) que obstaculiza la comunicación entre barrios, agravando así su situación segregada y marginal en el conjunto de la ciudad, y que lesiona gravemente la calidad de vida de las casi 25.000 personas que habitan en sus alrededores.

El acceso a la autovía en Ventanielles cuando estaba en obras. Se observa cómo los vecinos soportan a los coches pegados a sus viviendas. Foto / Mario Rojas.

El acceso a la autovía en Ventanielles cuando estaba en obras. Se observa cómo los vecinos soportan a los coches pegados a sus viviendas. Foto / Mario Rojas.

Cerrar la herida de la autopista

La propuesta alternativa de la Plataforma se elaboró a lo largo de tres talleres de trabajo abiertos, celebrados entre diciembre de 2012 y enero de 2013. Mediante el manejo de cartografía y ortofotografía básicas, los participantes esbozaron de forma colaborativa los rasgos estructurales del proyecto, que esencialmente propone la conversión de la autopista, desde la entrada a Oviedo a la altura de Matalablima a la Plaza de la Cruz Roja, en una avenida de tráfico controlado, con un bulevar central arbolado, carriles-bici y un carril exclusivo para el transporte público. Ligeros ajustes en la rasante permitirían que las intersecciones se resolvieran no a través de pasarelas peatonales ni pasos elevados como en la actualidad, sino de manera natural mediante cruces a nivel y pasos de peatones, al igual que en el resto de las avenidas de la ciudad. La “sutura” de esta herida abierta en el tejido urbano, a base de conectar las calles transversales actualmente interrumpidas por la autopista, favorecería un mejor reparto del tráfico y descargaría de vehículos el tramo final a la altura de Santullano, mitigándose así el impacto sobre el monumento. Una enorme superficie de suelo monopolizada por los automóviles y sacrificada para su uso exclusivo se liberaría y albergaría equipamientos y espacios libres a disposición no solo de los barrios próximos, sino de toda la ciudadanía ovetense.

Después de varias presentaciones públicas, la propuesta ha merecido el apoyo de asociaciones de vecinos y otras organizaciones sociales, como la Asociación Ereba, Ecología y Patrimonio, la Coordinadora Ecoloxista d’Asturies, Ecoloxistes n’Aición, el Frente Cívico Somos Mayoría o Izquierda Unida de Oviedo. Por su parte, el Ayuntamiento de Oviedo, fiel a su trayectoria retrógrada e impermeable a las nuevas políticas urbanas que hace años se han impuesto con éxito en las ciudades europeas avanzadas, descalifica el proyecto como “idílico y bucólico, pero poco efectivo”, y mantiene y consolida esta obsoleta barrera urbanística con la construcción de una nueva pasarela peatonal que costará a las arcas municipales más de medio millón de euros.

Con todo, la aceptación -por lo demás, poco probable- por el Equipo de Gobierno municipal de la propuesta no colmaría las aspiraciones de la Plataforma. “Imagina un bulevar” no es una iniciativa finalista, que se agote en la mera ejecución de la avenida según un proyecto técnico convencional, impuesto por el Ayuntamiento “de abajo arriba”. Como tan bellamente nos enseña Kavafis, más que el resultado final -el retorno a Ítaca-, lo que importa es el viaje, esto es, el proceso desarrollado para su consecución. Interesa que ese proceso contribuya a revitalizar el tejido asociativo local laminado durante años por los partidos políticos mayoritarios bajo la coartada de la democracia representativa, y reemplazar este statu quo por procedimientos participativos que permitan a la gente decidir directamente sobre cómo dar forma al entorno en el que se desarrolla su vida. Solo así, y no con leyes pretenciosas ni aparatosos planes urbanísticos, se garantizará la prevalencia del interés colectivo, del común, frente a los intereses particulares.

Los vecinos se manifiestan delante de la herida que provoca la separación de dos barrios de Oviedo. Foto / Mario Rojas.

Los vecinos se manifiestan delante de la herida que provoca la separación de dos barrios de Oviedo. Foto / Mario Rojas.

Ciudades y ciudadanos

Desde su fundación como disciplina científica a mediados del siglo XIX hasta nuestros días, el Urbanismo ha desarrollado una ingente cantidad de técnicas y herramientas, cada vez más sofisticadas, orientadas -al menos teóricamente- a procurar el diseño más apropiado de los escenarios por excelencia de la vida en comunidad: las ciudades. Las administraciones públicas se han provisto de una formidable panoplia de normas e instrumentos -entre ellos algunos tan potentes como la expropiación forzosa- con el objeto de regular la actividad urbanística y alcanzar, entre otros loables fines, como se indica en la Ley del Suelo estatal, “un uso del suelo y sus recursos conforme al interés general y según el principio del desarrollo sostenible”. Este desarrollo normativo es especialmente intenso en Asturias, que desde su constitución como Comunidad Autónoma ha venido dotándose de diversas leyes y numerosos instrumentos de ordenación territorial y urbanística que regulan pormenorizadamente el uso de casi toda la superficie de la Autonomía.

Sin embargo, a pesar de este vasto desarrollo científico y administrativo, la realidad es que nuestras ciudades están muy lejos de satisfacer las necesidades básicas de la ciudadanía, cuyo bienestar debería ser, en última instancia, el único fin inspirador de toda la acción urbanística. Barrios espacial y socialmente segregados, con carencias de equipamientos y dotaciones; contaminación ambiental con graves consecuencias para la salud; imposibilidad para amplios sectores de la población de acceder a una vivienda digna; o las gravísimas consecuencias económicas y sociales del hundimiento del mercado inmobiliario, son solo algunos de los síntomas que evidencian el fracaso del actual modelo urbanístico y su incapacidad para crear entornos que favorezcan el desarrollo de las personas, tanto individualmente como integrantes de un grupo social. Y es que, al conformar el hábitat en el que se desenvuelve nuestra existencia, el Urbanismo determina decisivamente nuestras opciones de calidad de vida, si bien la condición envolvente de nuestro entorno, paradójicamente, nos induce a ignorarlo o aceptarlo como inamovible. Pero no lo es, como están dispuestos a demostrar los ciudadanos de Oviedo.

Para saber más: http://imaginaunbulevar.wordpress.com

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 28, SEPTIEMBRE DE 2013.

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