Varoufakis, a la democratización de Europa con DiEM25

El exministro griego Yanis Varoufakis. Foto / Marta Trejo Luzón.

El exministro griego Yanis Varoufakis. Foto / Marta Trejo Luzón.

Steven Forti / Historiador e investigador del Instituto de Historia Contemporánea de la Universidade Nova de Lisboa.

Carpe DiEM. Con este juego de palabras el exministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis ha creado un eslogan eficaz para su nuevo proyecto político, que ha lanzado el pasado 9 de febrero en la Volksbühne de Berlín. Democracy in Europe Movement 2025 (DiEM25) quiere ser un movimiento pan-europeo que se propone democratizar Europa y repolitizar el espacio y las instituciones europeas como antídoto a la deriva que estamos viviendo. “El Gobierno de la UE ha vaciado del todo la democracia y ha excluido totalmente a los ciudadanos de los procesos de toma de decisión”, ha afirmado Varoufakis. “Nos encontramos en un momento muy similar al que se vivió en los años treinta, justo después de la crisis de 1929, cuando Europa y todo el mundo estaba a punto de caer en un abismo de deflación, xenofobia e hipernacionalismo”.

De Berlín a Madrid

Había mucha expectativa por este nuevo proyecto que se venía anunciando hace unos meses. Se tenía que presentar en noviembre, pero los atentados de París retrasaron todo a principios de 2016. El manifiesto que se lanzó en la capital alemana consta de nueve páginas que ponen en claro las ideas de fondo y los objetivos del movimiento: una verdadera asamblea constituyente europea. Y un tiempo máximo para cumplirlo: el año 2025.

Al llamamiento del exministro heleno han contestado muchas personas. En menos de dos meses, DiEM25 cuenta ya con 17.000 miembros de 56 países distintos, entre los cuales destacan figuras públicas de la talla del economista James K. Galbraith, del intelectual Noam Chomsky, del fundador de Wikileaks Juliane Assange, de los filósofos Toni Negri, Sandro Mezzadra, Slavoj Zizek y Srecko Horvat, del cineasta Ken Loach o del músico Brian Eno. Pero también de activistas y políticos relacionados con los movimientos sociales y con la nueva política, también en España.

Una prueba de ello la hemos tenido durante tres jornadas en febrero cuando en el Matadero de Madrid se organizó el encuentro “Plan B contra la austeridad y por la democracia”, una iniciativa paralela a DiEM25, con decenas de talleres temáticos, que congregó a millares de personas. Participó también Varoufakis, acompañado por dos excompañeros de Syriza que rompieron el verano pasado con Alexis Tsipras, el economista Costas Lapavitsas y la expresidenta del Parlamento heleno Zoe Konstantopoulou, o por Susan George, presidenta del Transnational Institute, y Éric Toussaint, portavoz del Comité por la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo, por citar a algunas de las personas que participaron.

Entre los españoles, al lado de muchas ONGs y movimientos sociales, desde Attac a SOS Racismo hasta la Plataforma Ciudadana de Ayuda a Refugiados, participaron también el líder de Izquierda Unida Alberto Garzón, la vicepresidenta de la Generalitat valenciana y dirigente de Compromís Mónica Oltra, el eurodiputado de Podemos Miguel Urbán y una numerosa representación de las “ciudades del cambio”, encabezadas por Gerardo Pisarello, primer teniente de alcalde de Barcelona. Pisarello es el verdadero trait d’union de Varoufakis en España. El número dos de Ada Colau acudió también a la presentación del movimiento en Berlín y parece tener una notable sintonía con el exministro griego, como muestra Un plan para Europa, libro-diálogo recién publicado por la editorial Icaria, donde los dos dirigentes reflexionan sobre la crisis europea y las posibles salidas al atolladero en el que nos encontramos.

Democratizar la democracia

La que estamos viviendo es una crisis general de la democracia en la época del capitalismo financiero, explica Varoufakis, pero en Europa las consecuencias son aún más graves porque, respecto a Estados Unidos, no existen instituciones democráticas específicas. ¿Un ejemplo? El Eurogrupo. O el mismo Banco Central Europeo (BCE). Según el carismático economista griego, autor de un libro de referencia como El Minotauro global. Estados Unidos, Europa y el futuro de la economía mundial, los que mandan en la Unión Europea “han despolitizado la política y han creado una forma clasista y tóxica de políticas antidemocráticas y no representantivas”. Por esto es necesario re-democratizar Europa. O, como afirmó el filósofo francés Etienne Balibar, “democratizar la democracia”. Y esta democratización puede venir solo desde abajo.

Varoufakis fue muy arropado en El Matadero de Madrid en febrero, cuando presentó su iniciativa paneuropea. Foto / Marta Trejo Luzón.

Varoufakis fue muy arropado en El Matadero de Madrid en febrero, cuando presentó su iniciativa paneuropea. Foto / Marta Trejo Luzón.

Varoufakis se propone sumar a su proyecto tanto a movimientos sociales como a fuerzas políticas y también a intelectuales, asociaciones y artistas. Según el filósofo croata Srecko Horvat, co-fundador del movimiento, DiEM25 es la síntesis de tres niveles y experiencias: la del internacionalismo radical de los foros sociales de la pasada década, la de las okupaciones y la de los partidos como Syriza y Podemos. Efectivamente, el manifiesto lanzado en Berlín quiere romper con la división entre izquierda y derecha y hace un llamamiento a todos los que considera progresistas europeos: radicales, demócratas, verdes, gente de izquierdas, socialdemócratas y activistas como los de la red Blockupy. Según Varoufakis, los partidos de izquierdas no consiguen ir más allá de sus electorados y están anclados aún en las dinámicas de los Estados nacionales, como demuestra el GUE, el partido de la izquierda europea. La voluntad es la de pasar de una Europa de “nosotros los Gobiernos” a una Europa de “nosotros los pueblos europeos”. Sin embargo, Varoufakis no es el primero que propone algo similar, sobre todo desde que estalló la crisis económica en 2008. Entonces, ¿cómo hacerlo? ¿Existe una receta mágica?

Como en las experiencias de los comunes españoles (las ciudades del cambio), y sobre todo la de Barcelona en Comú, que gobierna actualmente en la Ciudad Condal, las palabras clave son transparencia y participación. Es decir, transparencia en las instituciones y participación en los procesos de toma de decisiones por parte de la ciudadanía. Según Varoufakis, la estructura de DiEM25 debe combinar la coordinación y la espontaneidad, lo físico y lo digital. A la Red tiene que añadirse una actividad presencial con asambleas en las diferentes ciudades o regiones europeas. El exministro griego espera que la gente se reúna en los diferentes rincones del Viejo Continente y cree colectivos, cada uno formado por una docena de miembros, sin la necesidad de aprobación por parte de alguien. Lo que es suficiente es el respeto de los principios del manifiesto de DiEM25. La siguiente etapa sería la creación de unos comités de coordinación en cada país y, finalmente, un comité paneuropeo.

Al mismo tiempo, se están constituyendo una serie de grupos de trabajo sobre cinco ámbitos considerados cruciales, como el Green New Deal, la cuestión de la deuda y el sistema bancario, las migraciones, la transparencia y la Constitución europea. La voluntad es la de proponer unas intervenciones radicales que cambien el statu quo y salven a Europa: “Debemos reorganizar las instituciones existentes, cambiar la política del BCE y del Banco Europeo de Inversiones (BEI)”, afirma Varoufakis.

El plan prevé que para principios de 2017 se elaboren unos documentos que se consultarían en todos los países a través de una campaña presencial y vía web. En ese momento se recogerían las propuestas de la ciudadanía y se elaboraría un documento final que sería el programa del movimiento para las elecciones europeas de 2019. ¿Utopía? Puede ser, pero lo mismo se dijo cuando en enero de 2014 Pablo Iglesias lanzó el manifiesto “Mover Ficha” y cuando, en junio de ese mismo año, Ada Colau presentó en una escuela del Raval el proyecto de Guanyem Barcelona.

Mantener el euro

No faltan críticas al proyecto lanzado por el hombre que desafió a la Troika el verano pasado. ¿Hay un excesivo protagonismo de Varoufakis? ¿Cómo se gestiona la democracia interna del movimiento? ¿Hay un riesgo de apoliticismo? ¿Cómo se puede conseguir un cierto consenso en un proyecto que quiere ser tan transversal, incluyendo tanto a los movimientos sociales como a los demócratas liberales? ¿No se otorga demasiada importancia al nivel transnacional y se olvidan los espacios de soberanía nacional? ¿Y el euro? ¿Se mantendrá o no? El exministro de Finanzas griego no se cansa de repetir que se trata de un experimento work in progress y que lo que se han fijado hasta ahora son solamente unos principios. Todo lo demás se deberá decidir conjuntamente y aprender a lo largo del camino. Acerca del euro, como de otras muchas cuestiones, hay opiniones divergentes entre los miembros del nuevo movimiento paneuropeo. Varoufakis considera que aunque la arquitectura de la moneda única es “terrible”, no tendría sentido “huir hacia el pasado y volver a la peseta, la dracma, la lira o el marco alemán. La historia no es reversible. Una vez que se ha creado el euro, no hay marcha atrás”.

Los tempos políticos viven una fase de brutal aceleración y todo cambia muy deprisa, como nos ha enseñado el último lustro. Sin embargo, 2025 está a la vuelta de la esquina. Y una apuesta valiente y compleja como la de DiEM25 necesita de un esfuerzo sobrehumano para poder concretarse. De momento, Varoufakis no descansa y sigue viajando a lo largo y lo ancho de Europa para explicar su proyecto y para buscar adeptos. A finales de marzo estuvo en Roma, donde se centró especialmente en los temas sociales: de la propuesta de una tutela universal para los trabajadores a la renta mínima universal, hasta la defensa de una Europa de las ciudades. Y a finales de este mes, el 28 de mayo, aniversario de la caída de la Comuna de París, el Plan B, que es el hermano de DiEM25, promueve una gran movilización a nivel europeo. El tiempo nos dirá si será el inicio de un movimiento del cual se hablará en el futuro o si no será nada más que otro fuego fatuo.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 44, MAYO DE 2016

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