Villa y los mandobles de la corrupción

La abogada Ana Boto increpa a los periodistas con José Ángel Fernández Villa cogido de su brazo a las puertas del TSJA. Foto / Iván García.

Xuan Cándano / Director de ATLÁNTICA XXII.

Por fin declaró José Ángel Fernández Villa ante la jueza Simonet Quelle, del Juzgado de Instrucción Número 2 de Oviedo, dando la razón al neurólogo Alfredo Robles Bayón, que lo veía perfectamente capacitado para hacer frente a un interrogatorio. Quienes lo oyeron dicen que incluso en ocasiones, insistiendo en su inocencia, se mostró vehemente, como el Villa de los mejores tiempos del SOMA-UGT y de la Federación Socialista Asturiana, donde mandó con mano de hierro durante treinta años.

Que quien fuera “El Tigre” de las cuencas mineras y de Asturias entera está enfermo desde hace tiempo es evidente y penoso, pero también parece que conserva esas dotes de teatralidad que le hacen pensar a Robles Bayón que exagera su mala salud y que está perfectamente capacitado para defenderse y aclarar el origen de su fortuna oculta de más de un millón de euros. Aunque eso lo tendrá que afrontar más adelante, cuando concluya su trabajo la fiscal anticorrupción Carmen García Cerdá. De momento responde por la denuncia del SOMA, que le reclama 420.000 euros, de los que se habría apropiado indebidamente.

La degradación física y moral de Villa es la de la izquierda y la política asturianas, indisociables de la minería, con su épica de lucha obrera y revolución, manchada en su epílogo ante la historia por el caudillo del SOMA y el hombre fuerte del PSOE, el eterno presidente a la sombra del Principado desde la restauración democrática hasta bien entrado el siglo XXI.

Mientras Villa declaraba en el Tribunal Superior de Justicia, Gaspar Llamazares lamentaba en la Junta General del Principado esa degradación de la política asturiana, que para el dirigente de IU está dando paso a la antipolítica y a la “agitación ciudadana” que se vio el jueves ante el Parlamento autonómico, cuando miles de personas se manifestaron llamando atracadores a los políticos por el cuestionado impuesto de sucesiones.

Pero la degradación de la política asturiana, o más bien su causa, se observa mucho mejor repasando la amplísima lista de casos de corrupción en una Autonomía que en esa lacra está a la cabeza de España, aunque la ignorancia de lo que pasa entre el Cantábrico y el puerto de Pajares es tal que para los españoles Asturias no es más que los Premios Princesa y un hermoso lugar para visitar y comer fabada.

El propio Villa, Marea, El Musel, Niemeyer, Pokémon, la trama del cable, UGT…… los casos de corrupción (sobre todo del PSOE, pero también del PP) son tantos y tan escandalosos que si se recuperara el dinero robado a las arcas públicas, algo que se antoja poco probable, se podría suprimir el impuesto de sucesiones e inyectar incluso muchos millones para servicios públicos esenciales, cuyo mantenimiento vincula Llamazares al polémico tributo.

Mientras Villa se dirigía al interrogatorio acompañado también por su esposa, a las puertas del TSJA la abogada del exlíder minero, Ana Boto, amenazó a los periodistas con dar “mandobles” con su bolso. Debió de ser un movimiento reflejo, porque en realidad los mandobles los dio Villa a los ciudadanos con la bolsa llena. Y no fue el único precisamente. Lo extraño es que Llamazares se extrañe de la agitación ciudadana y el auge de la antipolítica.

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Ilustración / Alberto Cimadevilla.