¿Y si la izquierda abertzale gana las elecciones?

Árbol de Gernika. Imagen de José Antonio Gil Martínez en Flickr

Árbol de Gernika. Imagen de José Antonio Gil Martínez en Flickr.

Por Daniel Ripa. Investigador en Psicología Social de la Universidad de Oviedo. Era una noche de Junio de 2004, en una cena organizada por Eusko Alkartasuna (EA), el partido socialdemócrata del ex-Lendakari Carlos Garaikoetxea que gobernaba entonces Euskadi junto al PNV. En ella, un joven diputado de ese partido, tras unas copas de vino, se sinceraba en privado: “Si no somos capacer de construir la unidad con la izquierda abertzale, tendremos PNV para tres décadas más”. Una idea que sonaba a sacrilegio y que estuvo latente durante años en la izquierda vasca. A EA le terminó costando la escisión de varios de sus diputados (Hamaikabat-H1) cuando apostaron finalmente por acercarse a la antigua Batasuna, en una coalición a la que posteriormente se aliarían Alternatiba (escisión de una Ezker Batua-IU en descomposición) y, después, Aralar, construyendo una receta electoral exitosa: Bildu-Amaiur.

Bildu te mima

La izquierda abertzale, por su parte, ya había ensayado la vuelta a la legalidad en las elecciones  europeas de 2009 dentro de “Iniciativa Internacionalista”, bajo la cobertura que los independentistas castellanos, gallegos, catalanes y aragoneses les facilitaron. La candidatura que encabezó el dramaturgo ‘abertzale’ Alfonso Sastre les devolvió a sus mejores días y dio por terminada su estrategia del ‘voto nulo’. Mientras, la ruptura por parte de ETA del proceso de paz ante una creciente presión judicial tuvo un efecto doble: Debilitó a ETA pero, inesperadamente para PSOE y PP, condujo a la izquierda abertzale, en un callejón sin salida, hacia la vía política. El resto de la historia es conocida: La iniciativa Bateragune en 2009, que apostaba por un cese unilateral de la lucha armada y que, tras grandes tensiones internas, fue refrendada por las asambleas locales de la izquierda abertzale, se saldó con sus promotores, entre ellos Otegi, en la cárcel. Paradójicamente, el éxito de ZP había sido el fracaso de la tregua y las negociaciones de paz. Pero lo que era una victoria del PP y PSOE se transformó en derrota, al no querer (o poder) reaccionar a tiempo. Patxi López, siguiendo órdenes de Rubalcaba, viajaba a Nueva York durante la Conferencia de Paz del País Vasco a la que asistía Kofi Annan y en la que se intuía –como finalmente ocurrió- que ETA iba a anunciar el cese definitivo de su actividad armada. La población vasca, cansada del conflicto, poco a poco fue  conectando con el mensaje de Bildu de que era necesario “abrir un nuevo tiempo en Euskal Herria”, mientras la cerrazón del PP y PSOE –ilegalizaciones mediante- solo aumentaba las expectativas electorales de los abertzales, ante una población española atónita.

El meteórico ascenso de la izquierda abertzale, que recuerda en exceso al de Irlanda del Norte –donde el Sinn Fein, tras el fin del IRA, ya ha sido primera fuerza en las legislativas británicas de 2010-, no es explicable sin entender un cambio en su actitud, especialmente hacia aquellos más cercanos a ellos. Un estudiante vasco afincado en Asturies lo describía así: “Mientras Batasuna acosaba a quienes pensaban distinto a ellos dentro del nacionalismo vasco, Bildu te mima, acepta esa pluralidad”. Esa mutación de fondo está en la base de un coalición que, frente a las prisas de otras uniones, ha tardado años en gestarse. El intento de romper las barreras construidas para sobrevivir al acoso judicial y a la ilegalización ha llevado, de hecho, a ‘apartar’ del primer plano al mismo Arnaldo Otegi. Es cierto que sigue siendo, desde la cárcel de Logroño, un guía de la izquierda abertzale, pero las palabras de la candidata a la Lendakaritza Laura Mintegi –sin duda pactadas en el seno de la coalición- no pudieron ser más claras: “Otegi es un excelente líder, pero quizás no hubiese sido el mejor Lehendakari”.

Soberanía alimentaria y Justicia Social

La población vasca padece otro cansancio menos idiosincrático, común con el del resto de democracias sur-europeas. Recela de la gestión de la crisis y del sistema político que han construido los partidos tradicionales. Por eso, Bildu, fuera de las instituciones -de manera obligada- y con unos dirigentes que no habían dejado ‘las calles’, contará con una buena parte de ese voto de desafección política. Habrá quien dudará, por supuesto, de si Bildu representa o no a la izquierda. Para ellos, es recomendable revisar la nomenclatura de su propuesta de Consejerías, en caso de gobernar. Nombres como Soberanía Alimentaria (Agricultura), Justicia Social (Bienestar Social), Libertades Ciudadanas (Justicia e Interior) o la vicepresidencia de Igualdad de Oportunidades… recuerdan en exceso a las demandas de los movimientos sociales y harían sonreir a cualquier militante histórico de la izquierda. En cuanto a sus actos, su gestión en Gipuzkoa ha asegurado la Obra social y cultural en la fusión de las Cajas de Ahorros vascas, lo que contrasta con la trayectoria que han tomado Cajas como Cajastur, manejada el PSOE.

Por ello, una de las incógnitas de las elecciones vascas es cómo puede influir el presumible éxito de Bildu sobre la izquierda estatal. Raimundo Viejo, profesor de Ciencias Políticas en la Universitat de Girona, cree que podría representar “un modelo del que inspirarse”, aunque para ello debería dejar de fijarse “en marcas electorales y pensar mínimamente la política en términos de acción colectiva”, saliendo de su “autismo alarmante”. Le parece sintomático que “mientras la dirección de IU no para de asestar puñaladas a Gordillo, IU de Extremadura, etc., Bildu fue la primera organización en expresar su solidaridad inter/nacional”. No obstante, frente a la fascinación de la izquierda alternativa con Bildu, recuerda que esta organización “está perfectamente institucionalizada, sólo que fuera del régimen, aunque de momento no habrá integración mientras no haya cambios significativos respecto a los presos”.

Crisis de la ‘otra’ izquierda y acomodos difíciles

La izquierda abertzale competirá con otras dos izquierdas. Por un lado, EQuo, quienes cuentan en la circunscripción de Araba, donde alcanzó el 2% el pasado 20-N –saldado con fiasco general en el Estado-, con su posibilidad más cercana de entrar en un Parlamento autonómico. Aspira a ocupar el espacio político que deja una Izquierda Unida en crisis (sólo 13 concejales el 2011), dañada por las acusaciones del PNV de haber ofrecido sus votos en las Juntas de  Araba a cambio de contrataciones y dinero, y que acudirá partida en dos a estas elecciones. Por un lado, el sector de Mikel Arana, Ezker Anitza, reconocidos por la Dirección federal. Por otro, Ezker Batua, el ala del excoordinador Javier Madrazo, afines a Gaspar Llamazares.

En un contexto internacional marcado por las victorias de los nacionalistas de izquierdas en Quebec, Escocia o Irlanda del Norte, y de los de derechas en Flandes y Cataluña, Bildu luchará hasta el final por superar al PNV. En todo caso, no conseguirán gobernar. Su sueño, un gobierno en  minoría, apoyado por el PNV en lo nacional y por el PSE en lo social (al estilo de la Diputación Foral de Gipuzkoa), no se convertirá en realidad. El PNV, si gana las elecciones, regirá en solitario, y si las pierde lo hará aupado por PSE y PP, un arma de doble filo que podría conducir a una mayoría absoluta de la izquierda abertzale en 2016. En este contexto, no hay que descartar una acción a la navarra, tal vez con el PNV –a cambio de un compromiso explícito por la independencia-, donde Nafarroa Bai, segunda fuerza, ofreció al tercer partido (PSN-PSOE) la presidencia navarra y el rechazo de estos implosionó el partido interna y externamente.

El PP, centrado durante el gobierno de Aznar en el conflicto vasco, tiene ante sí una ‘patata caliente’. Por un lado, el ascenso de Bildu desviaría la opinión pública de la crisis económica a la cuestión nacional. Por otro, Rajoy teme no capitalizar un conflicto que además generaría más inestabilidad en el Estado, ante la irrupción de UPyD y la consolidación de la rama derecha del PP, que tontea con Mario Conde. En ese contexto, quien se mueve habilmente será UPyD, nacido inicialmente en Euskadi a partir de plataformas como Basta Ya!, y que recogerá el voto de sectores del PP y PSOE que piden una mayor dureza ante Bildu y ETA. Para el PSOE, con Euskadi perdido tras el fin de la ilegalización, sólo les queda la esperanza de una Galiza donde el PSG tiene demasiados cuchillos afilados de sus dirigentes como para alcanzar la victoria. Finalmente, Patxi López, la apuesta de Rubalcaba para liderar la vuelta a la Moncloa (no se sabe si como cabeza de cartel o como secundario), tendrá un acomodo en la política estatal salvo hecatombe electoral. Pero Rubalcaba, tras la alegría de las elecciones andaluzas y asturianas, se enfrentará a la cruda realidad: Su estrategia de recuperar la presidencia por desgaste de Rajoy no dará resultados en el corto plazo. El político cántabro saldrá debilitado –aunque los críticos en su partido no pasan de ‘testimoniales’- y Rajoy puede recibir una ‘prórroga’ que necesita urgentemente.  Y es que, en este inicio de curso político, las elecciones gallegas y vascas pueden desplomar mas al PSOE que al PP.

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