Yan Lianke: “Soy un autor censurable”

Yan Lianke es el más conocido escritor de la nueva narrativa china.

Yan Lianke es el más conocido escritor de la nueva narrativa china.

La literatura china también es emergente y ya tiene un autor de referencia y una novela de ventas masivas: Yan Lianke (Henan, 1958) y El sueño de la aldea Ding, un gran éxito comercial también en España tras su publicación por Automática Editorial. En lucha continua contra la censura y la autocensura, Yan es un crítico que aboga por reformas políticas en su país.

Texto y fotos Rita Álvarez Tudela (Pekín).

¿Cómo de cerca vivió los casos del sida que narra en El sueño de la aldea Ding?

Es un libro muy especial. Visité muchas veces la provincia de Henan y estuve con los afectados por el sida. Si bien he de decir que la historia que narra la novela es ficción, dentro de ella hay detalles, historias y anécdotas que son reales. Empecé a escribir este libro en el 2005 y, aunque ha pasado ya mucho tiempo desde entonces, he mantenido hasta hoy la relación con muchas de las personas en cuyas historias está inspirada la novela. Todas ellas me conocen, pero no saben que yo soy un escritor, ni que he escrito esta historia.

¿Cómo se interesó por escribir esta historia?

El caso de las aldeas del sida es una historia muy dolorosa, que todavía no se ha solucionado en China del todo, ya que todavía hay gente que sigue sufriendo. Decidí escribir sobre ella para que no se olvide esta tragedia. En el año 2003 fui por primera vez a una de esas aldeas. Tenía 800 personas y más de 200 estaban enfermas de sida y 40 habían muerto. Los propios aldeanos no sabían qué era el sida, que apenas se conocía en el resto del país.

Fui con un amigo médico, estadounidense de origen chino, y nos encontramos con problemas con el Gobierno. Ahora la situación en esta aldea ha mejorado mucho, pero en aquel momento era muy difícil, no se hacían pruebas médicas a los enfermos y éstos no estaban bien atendidos. Todos los enfermos tenían entre 20 y 40 años de edad y habían desarrollado el sida unos cinco años después de vender sangre. No había mano de obra para trabajar en los campos, por lo que a la tragedia de la enfermedad había que añadir la falta de alimento.

En cada visita  teníamos tres tareas principales. La primera era explicar qué es el sida porque había mucho miedo. Los enfermos, por ejemplo, comían por separado, y no con sus familias. La gente sabía que se trataba de una enfermedad contagiosa, pero no sabían cómo se contagiaba. Se trataba a los enfermos como apestados y surgieron un montón de rumores, como que se iba a mandar a los enfermos al desierto a dejarles morir. Así, quien estaba enfermo no se atrevía a ir al hospital, no lo decía, no se trataba. Había que explicarles que no es una enfermedad tan aterradora, que hay formas de evitar el contagio, y de esta forma intentar que enfermos y sanos llevasen una vida normal.

La segunda tarea fue instarles a pedir ayuda a las autoridades. La gente de esta aldea se contagió por haber vendido sangre en una campaña promovida por el Gobierno. Como poco tenía que haber una compensación económica, pero sobre todo las autoridades tenían que responsabilizarse de darles tratamiento. La tercera tarea fue solucionar el problema de acceso a la comida, ya que la gente solo comía dos veces al día. Era un pueblo pobre, había solo una televisión y los vecinos la veían todos juntos.

El Gobierno se ha ido ocupando cada vez más de este pueblo, así que la situación de la aldea ha mejorado sustancialmente. Logramos que la gente se concienciara sobre su enfermedad, que hubiera el tratamiento adecuado y alargar su esperanza de vida hasta diez años, por lo que muchos siguen vivos hoy. Además, hemos ayudado a los niños de la aldea a que estudien. Uno de ellos está estudiando un postgrado con mi ayuda. Ese es el legado más importante.

Yan Lianke cuenta en su libro la situación de unos vecinos de una aldea en Henan afectados por el sida.

Yan Lianke cuenta en su libro la situación de unos vecinos de una aldea en Henan afectados por el sida.

El libro fue publicado en 2005 y dos días después fue censurado. Tuvo una tirada de 100.000 ejemplares en la primera edición, el 80% llegó a las librerías y el resto nunca lo hizo. Los que llegaron al público se vendieron en apenas un mes. La obra ha sido traducida a más de 20 idiomas, se ha vendido muy bien, pero en China no se puede encontrar.

Hace unos años, el director de cine Gu Changwei me propuso adaptarlo para una película. Le expliqué que mi nombre y los de los personajes tenían que ser borrados. Era una muy buena película, pero la censura recortó tanto que el resultado dista mucho de la historia de la novela, pues ha quedado reducida a una historia de amor, en la que no aparece la palabra sida. En esta película (Love for live en inglés, Zui Ai en chino, 2011) hay grandes estrellas del cine chino, como la actriz Zhang Ziyi, o el propio director, uno de los más cotizados. Sus honorarios fueron muy bajos, pero participaron en ella por el valor de la historia.

Las tres censuras en China

Usted llegó a decir que se autocensuró mientras escribía la obra. ¿Se arrepiente?

Me contuve en parte al escribir El sueño de la aldea Ding y aún así después fue prohibido. Por lo tanto con lo que me quedo, como conclusión personal, es que lo importante es no autocensurarse. Un escritor debe escribir con libertad, dando rienda suelta a la imaginación y llegando hasta donde desee llegar. Ahora nunca pienso en la censura cuando me pongo a escribir, ni en si se podrá publicar el libro o cómo podrá publicarse. Son temas que no me interesan en absoluto.

La relación entre el mercado editorial y la censura en China es muy compleja, pues no existe la claridad de hace 30 años ni gozamos de la libertad de EEUU o Europa. No está nada claro qué se puede publicar ni qué líneas se pueden traspasar. Por ejemplo,  un escritor que goce de la confianza del Gobierno nunca será cuestionado. Yo soy un autor censurable y, como tal, me van a censurar.

Podemos hablar de tres niveles de censura en China. En un primer nivel, estaría el Gobierno, que dice esto se puede y esto no. En el segundo estarían las editoriales. Al no estar claras las fronteras, editores, revisores y directivos editoriales actúan realmente como censores. Y en última instancia se sitúan los propios autores, que se autocensuran, unos sabiéndolo y otros sin saberlo. Muchos autores chinos dicen que escriben con libertad, pero en realidad no lo hacen porque llevan desde pequeños sabiendo que hay unos temas que se pueden tratar y otros que no.

Llama la atención el hecho de que pueda dar clase en una de las universidades más prestigiosas del país, la del Pueblo, mientras que sus obras son censuradas.

Esta es una de las muchas complejidades de China. Por una parte tenemos la censura del mercado editorial, por otra tenemos a una de las universidades más fiables para el Gobierno chino. En este caso particular, se debe todo a la dirección de la Universidad, a personas concretas, que son grandes amantes de la literatura. Si estas personas no estuvieran al frente de la institución, yo tampoco podría formar parte de ella.  Así es China, las personas son más importantes que la ley. Este trabajo es muy inestable, pues si cambian los jefes posiblemente lo perderé.

¿Cómo ve las fuertes críticas que recibió Mo Yan, Premio Nobel de Literatura en 2013?

Entiendo perfectamente esta pregunta, así como que algunos lectores tengan cierta desconfianza hacia Mo Yan por la relación que mantiene con el PCCh. He de reconocer de la forma más sincera que las obras de Mo Yan son excelentes y merecedoras del Premio Nobel de Literatura. Dicho esto, yo personalmente pienso que hay que mantener cierta distancia con el Gobierno. Las críticas de la intelectualidad china hacia Mo Yan se centran en el hecho de que, si bien sus obras esconden altas dosis de ironía y crítica, estando muy distanciadas del Gobierno, su discurso y su actividad, por ejemplo en su papel de vicepresidente de la Asociación de Escritores de China, no mantiene esa misma distancia.

Como coetáneo de Mo Yan y como autor que comparte su misma realidad, entiendo a la perfección la actitud y la elección de Mo Yan. Cualquier otro escritor, incluido el propio Mo Yan, que decidiera actuar como actúa Yan Lianke se enfrentaría a problemas personales muy serios. También entiendo el descontento hacia Mo Yan que puedan albergar algunos escritores de otros países, que le exigen que se comporte como un intelectual y que, como tal, mantenga un espíritu crítico hacia el Gobierno y hacia el poder. Este es otro de los problemas de China: los novelistas son tan solo novelistas, no intelectuales.

Yan Lianke en Pekín.

Yan Lianke en Pekín.

El silencio sobre Tiananmen

La flexibilización de la política del hijo único y el fin de los campos de trabajo forzado, ¿son cambios reales bajo la batuta de Xi Jinping?

Hace mucho tiempo que se está debatiendo sobre esos temas, y no ha sido Xi Jinping quien los ha puesto sobre la mesa. En mi opinión, todas las grandes conferencias plantean ideas buenas, pero luego la experiencia demuestra que estas políticas aperturistas no siempre se aplican de la mejor forma. No podemos olvidar que el anterior Gobierno también tenía ciertas políticas loables que luego nunca vimos materializarse. No me interesa lo que se haya escrito en un documento, sino lo que pasará en unos años, o si estas medidas que han quedado plasmadas sobre el papel se van a aplicar y si van a tener consecuencias.

Usted ha vivido en primera persona la demolición forzosa de su casa y hace poco se ha conocido la existencia de paraísos fiscales de la élite comunista. ¿El pueblo chino quiere un cambio?

Existe descontento entre la población. Es cierto que la economía ha mejorado, pero estas mejoras no se han manifestado en la vida del grueso de la población, en términos de sanidad, de educación o del precio de la vivienda, que está descontrolado desde hace diez años. Se sigue con atención la lucha contra la corrupción y los medios de comunicación informan a diario de la deposición de altos cargos, pero lo más importante no es cómo combatirla, sino cómo evitarla. Es ahí donde se debe ejercer un mayor control. Al igual que con la enfermedad, la cura es importante, pero mucho más importante es prevenirla que curarla. Por supuesto que es importante tener una cura para ella, pero lo más importante es evitarla.

Ha dicho que le gustaría escribir sobre la matanza de Tiananmen.

Si todavía no la he escrito no ha sido por falta de tiempo, sino porque la idea no está lo suficientemente madurada en el plano creativo. Cuando aborde esta cuestión me gustaría hacerlo no desde un punto de vista meramente documental, sino con el objetivo de crear una gran obra literaria. Formé parte del Ejército durante 26 años y conocí a militares que participaron en los acontecimientos del 4 de junio. Se ha escrito mucho sobre el tema, pero nunca desde esta perspectiva, por lo que me gustaría enfocarla precisamente desde ese punto de vista concreto.

¿Cuál es su esperanza respecto a China?

No espero que en la sociedad china se produzca un gran cambio, esto es algo que necesita mucho tiempo. Me gustaría que el cambio estuviera motivado por la conjunción de fuerzas de la sociedad en su conjunto y la intelectualidad. El sistema por si mismo nunca va a cambiar y tampoco creo que personalidades concretas puedan impulsarlo. Solo la fuerza del grueso de la población, unida a la de los intelectuales, podrá propiciar el cambio.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 31, MARZO DE 2014

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