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Atlántica XXII

¿Dónde están los republicanos de derechas?

Afondando

¿Dónde están los republicanos de derechas?

Ilustración / Alberto Cimadevilla.

Ilustración / Alberto Cimadevilla.

Se buscan republicanos de derechas. Suena a oferta de empleo o a anuncio de página de contactos, pero ciertamente no parece que España sea por el momento país para el republicanismo. Ante la hegemonía de la reivindicación republicana por parte de las izquierdas, cabe preguntarse dónde está hoy el histórico republicanismo liberal y conservador que también tuvo su tradición y partidarios en nuestro país. ¿Quiénes serían en la actualidad los herederos de aquellos republicanos que como Miguel Maura o Niceto Alcalá Zamora aspiraban a una República de orden, “con curas y obispos”?

Diego Díaz / Historiador.

Pero ¿dónde están los republicanos de derechas? Preguntado para este reportaje, un dirigente de Foro Asturias comentaba sarcásticamente que no duda de que haya en nuestro país republicanos conservadores, pero que seguramente estén en sus casas o reunidos con los republicanos del PSOE. Es decir, republicanos de corazón, monárquicos en el día a día. Y es que, como señala el dirigente forista, los republicanos del PSOE están hoy casi tan escondidos como los del PP.

Si en los años de plenitud del llamado juancarlismo el republicanismo desapareció de la agenda política socialista, es cierto que en los últimos tiempos ha ido reapareciendo tímidamente, en forma de algunos guiños, sobre todo en torno a la cuestión de la memoria histórica, de corrientes minoritarias como Izquierda Socialista o de personas concretas como Odón Elorza, el único diputado que se abstuvo en junio de votar la ley de abdicación del rey.

Claro está, mucho más difícil que en el PSOE resulta identificar hoy a quienes podrían ser los representantes de una cierta sensibilidad republicana en la derecha española. Siempre se ha especulado acerca de las malas relaciones entre José María Aznar y el ex monarca Juan Carlos I, así como sobre los anhelos del dirigente conservador por suplantarlo en la Jefatura del Estado. En mayo de 2013 Durán i Lleida manifestaba que en sus momentos cumbre como presidente del Gobierno Aznar había llegado a confesarle su sueño de ser presidente de una III República española.

Durante aquellos años de burbuja inmobiliaria y borrachera de poder en los que al líder del PP se le contagiaba el acento tex-mex de su amigo George W. Bush, Aznar llegó a organizar para su hija Ana una boda de Estado en El Escorial casi al nivel de las de las infantas, con más de mil asistentes, entre ellos los reyes de España y otras estrellas invitadas como Adolfo Suárez, Tony Blair y Silvio Berlusconi, amén de unos por entonces desconocidos Bárcenas, Correa y El Bigotes.

Fuera de las elucubraciones sobre el republicanismo de Aznar, probablemente más inspirado en los neocons norteamericanos que en la tradición española de un Maura o un Lerroux, Cristina Cifuentes, la delegada de Gobierno de Madrid, amante de las motos, los tatuajes y la serie The Wire, es una de las pocas personas dirigentes del PP que ha manifestado públicamente su simpatía por la República. Para Cifuentes la preferencia republicana es una cuestión de “principios, porque si tú tienes que votar al último concejal del pueblo más pequeñito, ¿por qué no vas a elegir también al jefe del Estado?”, aunque ha matizado sin embargo que no cree que “en el momento actual debamos plantearnos un cambio político”.

Otra singularidad dentro de las filas de la derecha es María Teresa Gómez Limón, diputada regional del PP madrileño, y partidaria de una España republicana y federal. Gómez Limón, procedente del CDS, del que fue su última presidenta, no solo ha sido una de las pocas voces críticas dentro del partido contra los escándalos de corrupción de Mariano Rajoy, sino que también ha defendido el matrimonio gay y el derecho al aborto.

Pedro J. y Jiménez Losantos

Sin embargo, quizá sea en el ámbito de los medios de comunicación donde encontremos hoy a los dos francotiradores más republicanos de la derecha española: Pedro J. Ramírez y Federico Jiménez Losantos. La incorrección política de los dos grandes líderes de opinión de la derecha sociológica española, que no son conservadores al uso y a los que además les gusta dejar claro que van por libre, contrasta con el apoyo a la maltrecha Monarquía de la inmensa mayoría de la prensa, empeñada en contribuir al blindaje de la Casa Real.

Frente al pasteleo comunicativo orquestado con motivo de la coronación de Felipe VI, el ex director de El Mundo fue una de las pocas voces críticas que se alzó, sin proceder del campo de las izquierdas. Pedro J. manifestó públicamente que la abdicación suponía “cambiar las reglas del juego” de una institución que es por definición vitalicia. Para Pedro J., cuyo distanciamiento de la familia real es público, la dimisión de Juan Carlos I “sienta un precedente peligroso” para que Felipe VI pueda terminar sus días como rey de España.

Losantos tampoco se muerde la lengua a la hora de hablar del rey ni de airear sus simpatías republicanas. Viene de la izquierda y la contracultura, y entre sus dogmas de fe no están ni la Iglesia ni la Corona. En una reciente entrevista a la revista Jot Down, el periodista definía la Monarquía española como una “mezcla de incompetencia y corrupción”. Desde su posición nacionalista española, Losantos considera preferible “una República sin Cataluña y sin otras partes donde no se acepta la igualdad de los españoles ante la ley” que una Monarquía que según él siga permitiendo la disgregación de la nación española. Aún así, el locutor se muestra pesimista con respecto a las posibilidades de que prospere la República en un país como España, donde “siempre ha salido mal” y donde además la III República podría desembocar en un proceso federal o confederal.

En ámbitos más marginales, como los de la ultraderecha “extramuros” del PP, también se defiende una República, pero a su manera. España 2000 y Democracia Nacional, principales partidos de esta tendencia, que cuenta con algunos concejales en Madrid, Castilla y León y Valencia, defienden una República Nacional, alternativa tanto a la Monarquía de los Borbones como a la III República defendida por las izquierdas. Los de España 2000 dejan claro en su web que lo suyo no es la República que reclaman “los nostálgicos de la izquierda radical y antiespañola”.

Entre los republicanos conservadores hay reticencias a la bandera tricolor. Foto / Pablo Lorenzana.

Entre los republicanos conservadores hay reticencias a la bandera tricolor.
Foto / Pablo Lorenzana.

Accidentalistas

El “accidentalismo” como tercera vía entre Monarquía y República, es decir, la posición que vendría a afirmar la irrelevancia de la forma de Estado siempre y cuando ésta respete las reglas del juego parlamentario, sería a principios del siglo XX una formula asociada al asturiano Melquiades Álvarez, líder primero del Partido Reformista y después del Partido Republicano Liberal Demócrata, que defendería en la década de los treinta una República española “de orden” inspirada en la III República francesa.

El accidentalismo puede considerarse desde la Transición la posición hegemónica entre los partidos españoles. Recordemos que tanto el PSOE como el PCE renunciaron a la reivindicación republicana en los años de la Transición, señalando que en ese momento el debate no era entre Monarquía o República, sino entre dictadura o democracia.

Accidentalistas son también partidos como el PNV o CiU, poco dados a mojarse sobre este tema, y también UPyD, que no se define ni como monárquico ni como republicano, aunque el pasado mes de junio cerró filas con PSOE y PP en el debate sobre la ley de abdicación del rey. El partido de Rosa Díaz defiende la transparencia de la Casa Real y un mayor control público de su funcionamiento interno, pero asegura que también pediría eso al jefe del Estado si el día de mañana España fuese una República.

Más atrevidos sin embargo han sido sus “homólogos” catalanes de Ciutadans, probablemente también porque en el medio catalán los consensos de la Transición están mucho más erosionados que en el resto de España. Para su dirigente Albert Rivera, “el actual sistema de Monarquía parlamentaria debe renovarse o morir”. Según el político catalán, si la Monarquía demuestra no estar a la altura de las circunstancias debe abrirse “un debate legítimo en el país sobre el modelo de Estado”.

¿Hasta que punto hoy es posible un republicanismo de derechas o un giro de muchos de los hoy accidentalistas para defender un cambio en el modelo de Estado? Para Francisco Erice, todo dependerá de la situación política y la correlación de fuerzas. Según este historiador la Monarquía no es solo una cuestión simbólica u ornamental, sino que es la institución que ha garantizado a las élites económicas desde la muerte de Franco la estabilidad política y la protección de sus intereses.

Para Erice, “si hay pragmatismo en algún lugar es en las grandes fortunas, los consejos de accionistas y las organizaciones empresariales” y estos sectores solo girarán al republicanismo si llegan a ver que el descrédito de la Monarquía puede terminar perjudicándolos y se hace conveniente impulsar una República “desde arriba” antes que se produzca la apertura de un proceso constituyente “impulsado desde abajo” que haga peligrar sus posiciones.

Trevijano, Conde y la conjura republicana

Cofundador de la Junta Democrática de España en las postrimerías del franquismo, y muy activo durante los primeros años de la Transición, Antonio García-Trevijano conoció la cárcel por su activismo político, pese a no ser precisamente ningún izquierdista. A partir de la creación de la llamada Platajunta, sufrió una campaña de desprestigio orquestada por el PSOE, acusándole de oscuros negocios en Guinea Ecuatorial, que le marginaría del principal organismo unitario de la oposición antifranquista. Precisamente de su animadversión política hacia Felipe González  y el PSOE surgiría su propuesta en 1994 de poner en marcha una serie de encuentros que diseñasen una estrategia comunicativa para derribar el Gobierno socialista durante aquellos años de la crispación política.

Ante la incapacidad del PP de José María Aznar para vencer a Felipe González en las urnas, diferentes periodistas y directores de medios de comunicación suscribirían un pacto para impulsar una campaña de comunicación que sacase a la luz toda la corrupción socialista y el terrorismo de Estado practicado en los años ochenta por los GAL. El objetivo de la llamada Asociación de Escritores y Periodistas Independientes debía ser no dar tregua al Ejecutivo y contribuir al deterioro de la imagen del PSOE y de su líder para conseguir un vuelco electoral. Sin embargo, cuando las reuniones tomaron un extravagante cariz republicano, llegando a hablarse de la posibilidad de presionar al rey Juan Carlos para que abdicase y diese paso a una III República de la que Trevijano sería su presidente, Luis del Olmo, Luis María Anson y otros miembros se desvincularían de la AEPI, según el relato del periodista monárquico Anson.

El escritor José Luis de Villaloga denunciaría la supuesta conjura republicana en las páginas de La Vanguardia. Anson sería tiempo después quien confirmaría públicamente la existencia de este grupo de conspiradores de salón, en el que habrían participado entre otros  Pedro J. Ramírez, Antonio Gala, José Luis Balbín, Camilo José Cela, Francisco Umbral, Raúl del Pozo, José María García, Luis del Olmo o Antonio Herrero. Trevijano siempre ha  negado tanto que el grupo hablase de convertirle en presidente de la República como que Mario Conde estuviese detrás de estos movimientos, como se especuló.

Trevijano es una rara avis dentro del panorama político español y a primera vista también un tipo humano bastante extravagante. El abogado, notario y ensayista prosigue hoy con su actividad política desde el Movimiento de los Ciudadanos hacia la República Constitucional y diferentes medios digitales, todos fundados y auspiciados por él mismo, donde comenta la actualidad política española y promueve un nuevo proceso constituyente.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 34, SEPTIEMBRE DE 2014

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