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Atlántica XXII

¿Es Dios quien prohíbe el sacerdocio de las mujeres?

Opinión

¿Es Dios quien prohíbe el sacerdocio de las mujeres?

Un grupo de mujeres oficia un acto religioso.

Yolanda Alba | Periodista y escritora. Autora del libro Sacerdotas

 

 

Sacerdota es una palabra que fue propuesta y defendida por el periodista Haro Tecglen que admiraba la valentía anglicana de adecuarse a la época: “He escrito sacerdotas por no escribir sacerdotisas, que en España es un término reservado a las servidoras de las divinidades y los templos gentílicos (ojo, no confundir con gentilicios); pero sacerdote no tiene femenino. La Academia siempre ha sido hija amantísima de la Iglesia, y siempre ha tenido dignidades eclesiásticas para que, precisamente, definieran su propio vocabulario”. La situación de inferioridad de las mujeres y su marginación del poder en casi todas las creencias me hace afirmar que las religiones son hoy auténticos templos de la no-paridad.

Incluso Miguel Ángel, rompiendo esquemas y prejuicios ideológicos de su tiempo, había pintado en la cúpula de la Capilla Sixtina el Altar del Sacrificio de Noé con tres mujeres ejerciendo funciones sacerdotales, siglo tras siglo inconmovibles ellas ante las miradas de visitantes, papas y autoridades eclesiásticas. También fuentes arqueológicas y epigráficas testifican casos de sacerdocio femenino (sepulcros con inscripciones: presbíteras y obispas), al igual que otras referencias en las comunidades cristianas primitivas: cartas y epístolas de obispos y papas que testimonian la presencia de mujeres presidiendo la liturgia cristiana (s. IX, obispo  Vercelli: “estas mujeres que eran llamadas presbíteras asumieron las funciones de predicar, dirigir y enseñar”), práctica extendida durante los 9 primeros siglos (especialmente en la Iglesia de Oriente) que muestra que los ritos y la ordenación del diaconado era idéntica en lo esencial para hombres y mujeres.

Apelando a esta tradición, crecen hoy las demandas reiteradas de movimientos que claman que otro mundo es posible desde la cordura justa donde las religiones puedan ser sal y fermento transformadores con su potencial de ética. Y hasta al mismo cielo llegan también las reivindicaciones de cristianas feministas a favor de la ordenación sacerdotal de las mujeres. Con este propósito, la Red Internacional de organizaciones ecuménicas para la Ordenación de Mujeres Católicas en el Mundo (WOW) había organizado en 2001 el Congreso Internacional de Dublín, dado que en otras iglesias cristianas las mujeres sí están teniendo acceso a todos los ministerios y existen ya obispas y primadas (la de Londres y la de Suecia).

Todo ello ha potenciado que las opiniones a favor del sacerdocio femenino se multipliquen desde hace tiempo en el seno de la Iglesia Católica pero la reacción vaticana ante esas decisiones ha sido negativa. Teólogas feministas, que honran a su religión pero no la idolatran, han protagonizado declaraciones donde “se sueltan la toca”, como Teresa Forcades (monja, doctora en medicina, graduada en Teología en Harvard y que pasó por la política), quien opinaba con contundencia: “La Iglesia católica a la cual pertenezco, la mía, es patriarcal y misógina y reserva a las mujeres un papel secundario caracterizado por la sumisión y el servicio”.

LA CURA CATÓLICA CHRISTINA MOREIRA 

Precisamente en nuestra costa atlántica, Christina Moreira, la primera mujer católica (apostólica y romana) que llegó al sacerdocio, ejerce en una comunidad gallega su condición de mujer ordenada como cura: “Formo parte de la Asociación internacional de Presbíteras Católicas ARCWP cuyo fin es ordenar diaconisas, presbíteras y obispas católicas dentro del rito y la tradición romana. Esto conlleva un quehacer práctico y teológico por renovar los ministerios y la eclesiología; adelantamos evoluciones que nuestra querida pero anciana y lenta Iglesia irá haciendo tal vez, pero que a nosotras se nos antojan urgentes…”.

De momento es la única española que ha sido ordenada presbítera respetando la sucesión apostólica (lo que quiere decir ‘ordenada por un obispo’),  desobedeciendo el derecho canónico (canon 1024) que establece que sólo un hombre puede celebrar la eucaristía: “Para ser presbítero te tiene que ordenar alguien que haya seguido la línea de los apóstoles, es decir: que fuera ordenado por Pedro, primero, o por el resto de los apóstoles. Y así sucesivamente. Y nosotras hemos seguido esa línea”. Ordenada por una mujer que sí está en la sucesión apostólica (en Florida, 2015, por la obispa Bridget Mary Meehan) la presbítera Moreira ejerce su ministerio sin inhibición, sirviendo con dignidad absoluta, soportando miradas de incomprensión, de perplejidad o las preguntas impertinentes que jamás se harían a un varón. Pero ella habla de bendiciones, de certezas y de ‘Amor a Dios’: “Mis compañeras y yo vivimos ya en un nuevo paradigma y estamos avanzando con nuestras comunidades”.

Esta mujer (gallega nacida en Francia) es una persona brillante intelectualmente, políglota, vanguardista, dedicada a su función y con rigurosa formación religiosa (último año de licenciatura en Teología católica). Es un placer intelectual intercambiar opiniones y hasta discutir sobre el sexismo en el lenguaje con la cura católica, a quien precisamente no le gusta la expresión ‘sacerdota’ ni siquiera la de sacerdote: “No quiero que me llamen sacerdote porque no lo soy, no tengo templo, yo soy cuidadora ​de la comunidad, es decir: soy cura, simplemente, como mis compañeras de la Asociación de Presbíteras Católicas, apóstola de Cristo y continuadora de la tradición. Mi función es la de cura, y en esa función mi género o mi sexo no se requieren. La función se ejerce independientemente que uno sea varón o mujer”.  Ella y sus compañeras prefieren definirse como presbíteras ya que en realidad es el término bíblico. Comprometida con varias causas (el feminismo, la defensa de los grupos minoritarios y excluidos) “Practico tanto como puedo la inclusividad absoluta y la acogida respetuosa y amorosa en el marco de una pastoral circular de iguales, pauta identitaria de mi comunidad ARCWP”.

RABINAS, IMANAS, PASTORAS…

Hoy ya en muchas religiones las mujeres han logrado un ascenso en los niveles jerárquicos: casi 300 rabinas en todas las ramas del judaísmo, 1.800 pastoras en la Iglesia Unida de Cristo, 3000 mujeres ordenadas en la iglesia presbiteriana, 1.000 ministras episcopales y 1.429 clérigas luteranas en USAO Sherin Khankan, imana, fundadora de la mezquita Mariam en Copenhague, quien sólo lleva el velo para rezar y dirigir el salat, y que se define como una líder religiosa moderna y flexible que predica una relectura del Corán y que quiere “contestar las interpretaciones patriarcales del Islam, demostrando que es posible practicarlo y al mismo tiempo ser miembro de una sociedad democrática”.

Este ejemplo innovador del feminismo islámico como movimiento centrado en el mensaje de su libro, es realizado por personas musulmanas dotadas del conocimiento lingüístico y teórico necesario para desafiar las interpretaciones integristas, y ofrecer lecturas alternativas. Su argumento es que el Islam ha sido interpretado a lo largo de los siglos de un modo primitivamente patriarcal y misógino: “El espíritu como la letra del sagrado Corán han sido distorsionados y es preciso, en el contexto de las sociedades plurales del siglo XXI, un retorno a las fuentes igualitarias de la religión mahometana”.

Otras activistas están llevando a cabo protestas, rezos, cultos y liturgias subversivas contra la falocracia religiosa, para dejar en evidencia el arraigadísimo sexismo de sus instituciones: una ciudadana israelí detenida por una acción para que las mujeres judías puedan rezar en voz alta en el Muro de las Lamentaciones de Jerusalén al igual que lo hacen sus correligionarios varones. O Kate Kelly, quien recibió la excomunión tras fundar el movimiento “Ordain Women” para defender el acceso de las mujeres a puestos de responsabilidad en el seno de la Iglesia mormona. Tal vez asistimos hoy a una cierta extinción de la desigualdad histórica que existe en las creencias desde finales de la Edad del Hierro. ¡Ojalá, Insh’Allah, Amén! algún día (¡el dios Progreso lo quiera!) acabe el androcentrismo en el que la civilización humana se halla inmersa (ergo sus religiones).

Evidentemente, el Gran Espíritu (léase Ser Supremo, Mater Natura, Creador, Gran Arquitectura del Universo, Diosa Madre, Realidad divina, Wakan Tanka, Dios…) “ha creado” a mujeres y a hombres iguales en dignidad y no es quien considera a las mujeres menos espirituales que a los varones, ni con desiguales derechos. Definitivamente, no es dios quien prohíbe a las mujeres el acceso al sacerdocio o a las funciones de dirección ritual en las religiones, sin duda es mucho más feminista que los cleros, arzobispados, imanatos, ayatolatos, papados y popados que dicen representarlo en la tierra. Pero todo es susceptible de cambiar, de evolucionar. Retos más difíciles se han conseguido. También  en otras épocas históricas las religiones se vieron obligadas a contextualizarse, a colocarse en un nuevo tiempo, a reelaborarse culturalmente.

TESTOSTERONA Y PEDOFILIA, SÍ. MUJERES SACERDOTES, JAMÁS

La jerarquía kyriarcal vaticana no debe seguir discriminando a las mujeres y culpar a Dios por ello, quienes niegan a las mujeres la plena participación en el liderazgo de la iglesia moderna, basándose para ello en la enseñanza y en la praxis de Jesús y de la iglesia primitiva, están sencillamente equivocados. La feligresía católica está concienciada sobre la necesidad de abrir la Iglesia a las mujeres en igualdad de condiciones, al igual que otras iglesias cristianas la gozan: el 80% de los católicos europeos estaría dispuesto a recibir mujeres sacerdotes y hacer realidad la propuesta igualitaria de Jesús. Hoy hay mujeres católicas que quieren ser sacerdotas, párrocas, capellanas, curas, chantres…

El Vaticano no traga, pero lo hará. Los tiempos cambian y la igualdad acabará socavando la falsa fortaleza del dogma. Al igual que ocurrió con monjas como Hildegarda de Bingen, Catalina de Siena o Teresa de Ávila, mujeres que gozaron de una autoridad carismática sin precedentes. Es bien cierto que en el terreno de la mística las mujeres mostraron mayor imaginación y creatividad que los hombres. ¡Ahh, a ello tienen miedo los sumos sacerdotes, gruesos y pomposos patriarcas bajo palio!: a perder el monopolio del poder que ejercen en la administración de la palabra y el sacramento (en griego misos puede interpretarse como miedo).

Por esa misoginia las mujeres fueron consideradas seres inferiores e incompletos, fuentes continuas de seducción e impuras por la menstruación: ¿cómo se les podía conferir el liderazgo que implica el sacerdocio? ¿Cómo ellas iban a tocar objetos sagrados como el cáliz y la patena, o distribuir la santa comunión (prohibiciones contenidas en el Código de Derecho Canónico promulgado en 1917 y vigente hasta 1983)? Pero por supuesto sí estaban preparadas para lavar, planchar y almidonar el mantel de los altares, o servir al clero kyriarcal como criadas…  ‘carne’ y cuerpo para ser abusadas y violadas. Ellas son impuras pero ellos (limpios y puros como las patenas) curas pedófilos y violadores, según recientes acontecimientos sacados por fin a la luz y sancionados con imputaciones. Pedofilia ad nauseam sí, abuso sexual sí, pero mujeres sacerdotes jamás…

Cederán: el devenir histórico les obligará (y la presión imparable de las propias católicas, laicas y religiosas). Las dóciles monjas de antes tienen hoy estudios universitarios y programas en tv, o escriben libros con recetas del convento; las abadesas pueden ser doctoras en teología o analistas de sistemas informáticos… La Iglesia precisa un aggiornamento, necesario además ante la escasez de vocaciones masculinas en los seminarios y de los pueblos que se quedan sin curas. ¿Llegarán los monseñores de la curia a pensar cuanto se enriquecería la Iglesia con el ingreso de mujeres al sacerdocio? La irrupción de las mujeres en las jerarquías eclesiásticas y en la dirección de los rituales de los templos, sinagogas, iglesias y mezquitas es la última posibilidad de resucitar unas religiones infinitamente más apasionantes, más humanas, más lúdicas. ¿”Sacerdotas”? Definitivamente sí. Dios, el Incognoscible, no fue, ni es, ni será el que se lo impida.

 

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