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Atlántica XXII

Fernando Márquez ‘El Zurdo’: «Hubo épocas en las que no llegué a ingresar 2.000 euros al año»

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Fernando Márquez ‘El Zurdo’: «Hubo épocas en las que no llegué a ingresar 2.000 euros al año»

Fernando Márquez ‘El Zurdo’. Foto / Isabel Permuy.

GALERÍA DE HETERODOXOS/AS

A la mayoría de la gente el nombre de Fernando Márquez Chinchilla (Madrid, 1957) no le suena de nada. Sin embargo, la personalidad y la obra de Márquez –algo más conocido por su seudónimo de ‘El Zurdo’– han forjado una obra musical y un discurso intelectual donde se hermanan las ideas más contundentes con la sensibilidad más cristalina. Fundador de grupos esenciales de la Movida madrileña como Kaka de Luxe, Paraíso o La Mode, compositor de algunas de sus más eternas canciones, autor de las primeras crónicas del pop madrileño de los años ochenta, cultivador pionero de mitos como Mishima, Jünger, Céline, columnista en toda clase de cabeceras culturales, editor de publicaciones de carácter intransferible, ideólogo capaz de aunar –sin éxito ante la sordera mental ajena– los discursos falangista y abertzale… Amante de la belleza pura sin complejos ni más compromiso que la rectitud con uno mismo, Fernando Márquez es, probablemente, el vivo ejemplo de cómo trata este país a quien tiene el valor de decir lo que piensa sin dejar en ningún momento de pensar lo que dice.

Rafa Balbuena / Periodista.

Hace cosa de quince años le hice una entrevista y le pregunté si no sentía rabia por los tópicos que le había ido acarreando la “fama”; me respondió, rotundo, que, “a estas alturas, ya estoy más allá de la rabia”. ¿En 2016 se ve mejor, peor, tan sereno/cabreado… o con el mismo convencimiento de que la vida es otra cosa?

Como el mundo generador de tales tópicos se va día a día al garete un poco más, la rabia ahora se torna en un cierto gustirrinín. Lo de que te alegren el día, que diría Harry Callahan.

En su caso, ¿cuándo nace el músico? ¿Y el escritor?

Lo primero que nace es el grafista, de ahí lo de ‘El Zurdo’, faceta hoy en buena medida abandonada. Seguidamente el escritor, primero como guionista de mis historietas y viñetas amateur; después, como letrista, para acabar con el paso a la narrativa y a los artículos. El paso a la interpretación lo doy con Kaka de Luxe.

¿Cómo se vivía esa pasión por grupos de “la Tercera Vía” –Vainica Doble, Cecilia, Don Francisco y José Luis, Benito Moreno…– en el Madrid de mitad de los años setenta?

Se vivía poco. El personal estaba más con la cosa progre (nueva trova, chilenos, etc.), con la canción del verano o con el rock en sus diversas variantes. La Tercera Vía (incluyo la que se hacía fuera de nuestras fronteras, caso de 10cc, Scaffold, Sparks, Cockney Rebel, etc.) exigía un nivel de ironía y eclecticismo demasiado elevado para la media, ya encarrilada a los tribalismos, cuanto más mostrencos mejor.

¿Se veía ya entonces un poco fuera de sitio, en un punto difuso, entre “progres” y “azules”, irreconciliable política, estética y vitalmente?

Ese punto se llamó en la Alemania de los años veinte “konservative revolution”. Hoy recibe diversos apelativos (nouvelle droite, progres de derecha, gaullismo de izquierda, 4ª Teoría Política –si nos ponemos cirílicos–…). Me sigo quedando con la definición teutona, que considero la más vigente y completa. En buena medida, se puede resumir en tres rasgos: sincretismo que potencie lo social respetando lo personal, atención prioritaria a la geopolítica como jardín de mil flores coordinadas en varios grandes espacios soberanos (esto es, antiglobalización), y defensa de la Historia frente a la Antiutopía.

David Bowie, que entonces estaba en el podio más absoluto, jugaba con esa misma ambivalencia y sin embargo era respetado con creces. ¿Spain is different, entonces, ahora y siempre?

Bowie vivía en un mundo mucho más hecho a las paradojas y a la valoración de lo excéntrico. Aparte de que nunca se encuadró en terrenos claramente trascendentes a lo meramente estético.

“Para ti”, referente sentimental

Kaka de Luxe, el primer grupo punk madrileño, era un bombón para gente con ganas de provocar. ¿Era tan divertido el momento como sus autores han ido recordando en los últimos cuarenta años?

La España que va del 76 al 81 es uno de los momentos más sustancialmente –esto es, no gratuitamente– provocadores de la historia de este país.

¿Le pesa que su tema más reconocido popularmente sea “Para ti”, o es un orgullo?

Me siento más orgulloso de otras canciones (“En cualquier fiesta” “La cólera”, “Con paciencia”, “El futuro”, “Sunset boulevard”…) pero entiendo que para alguna gente el “Para ti” sea un referente sentimental, como una postal o algo así. En otros casos, creo que es pereza de adentrarse en el resto de mi obra y quedarse con aquello más publicitado. A mí se me ha quedado, en cuanto a letra, en buena medida out, de ahí los continuos cambios de estrofas cada vez que la hemos retomado; y, musicalmente, nunca se ha revisado con voluntad de superar el mero cover. Hoy por hoy, la versión que más me gusta es la de la cantante francesa Stéphanie Cadel.

Suele decirse que esa canción capta el zeitgeist de aquella época entre los años setenta y los ochenta. Sin embargo, mientras existan adolescentes, con todos los cambios y emociones que eso conlleva, lo que ahí se refleja es atemporal, eterno.

Hay estrofas que sí. Otras, yo diría que menos. Quizás la versión más atemporal en cuanto a letra sea la que grabé para Borsani en 1995. Ahí retomo pura y duramente, valga la paradoja, dado el aire viscontiniano de esa versión, lo que me inspiró originalmente la canción: alguien a quien conocí en Benidorm allá por 1974.

¿Qué recuerda del momento en que compuso la canción y cobró forma?

La hice a instancias de Carlos Berlanga, con quien gesté Paraíso antes de que entrasen los músicos. Él estaba muy obsesionado con Jonathan Richman y quería hacer canciones como muy blanditas para preadolescentes y tal, siguiendo la línea del disco de los Modern Lovers que contenía “Egyptian reggae”. Entonces, eché mano de aquellos recuerdos estivales de 1974 y me salió de un tirón.

Todos los chicos y chicas y Música moderna, de 1980-81, fueron sus primeros libros, muy celebrados pero enseguida descatalogados ¿No estaba maduro el panorama entonces para publicar, con continuidad, en clave pop?

En mi caso, el panorama nunca ha estado maduro para publicar, con continuidad, en clave zurda. Aunque, bueno, Baroja, durante bastantes años, debió de vender tanto (o incluso menos) que yo…

¿A quiénes reivindicaría hoy de los grupos de los años ochenta en España?

Ilegales, Pegamoides, Parálisis Permanente, Décima Víctima, Waq, Monaguillosh, Radio Futura (en especial el LP La ley y el single “La estatua del jardín botánico”)… De lo mío, mayormente La Mode y Kikí d’Akí.

Al hilo de esto, sus ex compañeros Sergio y Carlos Entrena (Paraíso y Décima Víctima), se sienten hoy ofendidos por el mote de ‘Los Toronjo’, dicen que se lo inventó usted…

Se hacían llamar así, en plan chiste privado, en los primeros meses de Paraíso y yo me limité a usarlo en el libro de manera cordial. Si luego cambiaron de humor y decidieron variar el currículum, ya es asunto suyo. Yo, como homenaje a Décima Víctima, y sabiendo de estas protestas, cambié Los Toronjos por el apellido original en las reediciones de 2012.

Sin autoengaños

Los años ochenta fueron su efímera gloria con La Mode, pero todo se volvió en su contra por “haber sido el tonto útil” en favor de partidos políticos de muy distinto signo “que me usaron como un kleenex”… ¿fue para tanto?

El balance definitivo de mi pertenencia al mundillo nacional se puede resumir en estos versos de José Bergamín, de los que hice una relectura gráfica desde mi circunstancia: “De españoles no quiero / volver a saber de nadie”.

A raíz de aquel spot de apoyo a Falange, por cierto, sobrevinieron casi de una tacada y respectivamente el veto mediático de Diego Manrique, por un lado, y el apoyo de Carlos Tena, por otro. A tenor de las ideologías y caracteres personales de ambos, lo ocurrido es tan pasmoso como esclarecedor…

Si se profundiza en las trayectorias de ambos, tan divergentes (en fondo, en forma, en calidad humana), a medida que pasa el tiempo, no resulta pasmoso. Esclarecedor, sí. Más a cada nueva peripecia de uno y de otro.

Mario Pacheco, su editor discográfico, decía que “a algunos les molestaba que los aguafiestas de La Mode cuestionasen la modernidad de la Movida, que consistía básicamente en que en Madrid se salía mucho por la noche”. ¿Tan contundente era eso?

Lo que más fastidiaba a algunos era que La Mode, tanto por mí en el plano conceptual como por Antonio Zancajo en el plano musical, subvertíamos el momento neorromántico glamouroso en que inicialmente nos situamos, trascendiéndolo y rompiendo sus costuras. Es interesante cómo Tino Casal, el representante más ambicioso de estas corrientes en España, tenía muy buena sintonía con nosotros. Otra cosa, insisto, es que gente más limitada que le daba más al postureo que a la investigación estética más seria se sintiese agredida por nuestra presunta, según ellos, pretenciosidad: a mi entender, sencillamente rigor.

A partir de su siguiente grupo, Proyecto Bronwyn, hay un vacío discográfico que se dilata mucho hasta Sangre sabia, su primer álbum con nuevos temas. ¿No pudo haber más?

Error. Aparte de la reedición en 1993 del material de La Mode en CD, el disco para Borsani que sacó Mikel Barsa es de 1995 (y dos de sus temas, “Credo” y “A por todas”, se recuperarían como bonus en Sangre Sabia). En parte, de todas formas, este lapso se compensa con el doble lanzamiento en 2002 de Sangre sabia y Los fantasmas del Paraíso (con Parade).

Por cierto que a la canción “A por todas” se le acusó de ser una apología de la pederastia, y a usted de ser autor de algo más que de la letra…

Es muy bueno que quienes se inyectan el “Para ti” en la vena se metan con “A por todas”, que no es más que su continuación más lúdica. La cosa es meterse con uno…

Reivindicar a Céline, a Drieu la Rochelle o a Emmanuel Mounier (todos franceses, y todos fieles a sí mismos pero nunca a la contingencia imperante de turno) ¿es un reflejo de su propia forma de ser?

Pues supongo. Cada cual busca el espejo que le hace sentir honestamente mejor, esto es, sin autoengaños.

El palo de Afinsa

En este sentido, y ya más allá del pop, El corazón del bosque es, con diferencia, el corpus zurdiano más extenso e intenso, algo abstruso pero con muchas capas de lectura. ¿Nunca le ofrecieron publicarla “oficialmente” más allá del formato fanzine?

Tengo pilas en casa sin vender. Creo que con ello le respondo. Quien quiera colecciones corazonescas, solo tiene que pedírmelas.

¿De qué vive ahora, en lo puramente monetario? ¿Es cierto que durante años su único ingreso fijo eran los royalties de “Para ti”?

Malvivo, tras el palo de Afinsa, donde invertí buena parte de lo ganado desde La Mode. Cada año me entra algo de la SGAE, de la AIE (Asociación de Intérpretes y Ejecutantes), las reediciones de libros, y luego los amigos me echan un cable. Me llama la atención que se hable de los mileuristas –o sea, los que cobran 1.000 euros al mes– como parias: yo ha habido épocas en las que no he llegado a ingresar 2.000 euros al año…

¿Y espiritualmente, si se puede decir así, con qué alimenta el pensamiento?

Ahora estoy con Weber, Schmitt y Heidegger (los Cuadernos negros que han publicado recientemente y me regaló una amiga). Y, en plan narrativa, acabo de descubrir a Max Aub y su Laberinto mágico. Leí El cura y los mandarines de Gregorio Morán y me dio la vena. Mayormente leo e-books y pdf: esto de los espacios de descarga libresca por Internet es un gran invento.

¿Qué puede decir del documental El bosque zurdo? ¿Lo ve como un retrato fiel de su vida y obra?

Hay cosas que han quedado obsoletas, por desencuentros con algunos personajes que aparecen. Pero otras están muy bien, tanto ocurrencias de Pinzolas por sierras y playas como las secuencias con Esther Peñas y el zenmeister Rafa Castilla. Quien quiera copia, puede dirigirse a la productora.

Su más reciente grupo es La Ruleta China. ¿Hacer canciones e interpretarlas es ya algo consustancial a su forma de ser?

Ya no es La Ruleta China, sino El Día Después. Y creo que, de todo lo que he hecho, lo que mejor me ha salido son muchas letras de canciones, unas cuantas músicas (de esto tampoco se suele hablar) y, en los últimos años, bastantes aforismos donde digo, más sabio y conciso, lo que años atrás dije pero más largo y con desbarres.

Fernando Márquez en Madrid, donde vive. Foto / Isabel Permuy.

“Zulueta es el cineasta de la Movida”

Al principio se le conocía por su sobrenombre de ‘El Zurdo’, del que hoy no hace mucho uso, hasta parece evitarlo ¿por alguna razón especial?

No, no lo evito. A veces yo mismo lo uso.

No he querido mencionar hasta ahora a Carlos Berlanga, de quien siempre apreció mucho su obra y su sensibilidad ¿Su ausencia ha tenido relevo?

No. Lo más aproximado a su magia, en forma, más que en fondo, quizás fuese el grupo Family, que tampoco tuvo continuidad.

Sus parabienes hacia Iván Zulueta han sido otra constante; por contra, no ha sido precisamente efusivo con la obra de Pedro Almodóvar, lo incluye entre los que se han apropiado de la “Movida” sin ser parte genuina ¿En qué lugar situaría la obra gráfica y cinematográfica del autor de Arrebato?

Para mí Zulueta es el auténtico cineasta de la Movida. Y no el otro.

Con Vainica Doble tuvo un amor pasional total, pero que fue yendo y viniendo con el paso del tiempo y las cosas. Ahora que ellas ya no están, y parafraseando el epílogo del libro que les escribió en 1983, ¿ha comenzado realmente el fin del mundo?

En eso estamos. Y menos mal: lo peor, como decía Lenin, es un espanto sin fin…

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 46, SEPTIEMBRE DE 2016

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