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El fracaso no es ‘cool’… pero ayuda a salir adelante

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El fracaso no es ‘cool’… pero ayuda a salir adelante

Cuatro empresarios relatan en público sus mayores errores de negocio en las Jornadas del Fracaso celebradas ayer en el Talud de la Ería, en Oviedo

Texto y fotos: Rafa Balbuena

El público asistente llenó la sala dispuesta para la actividad en el Talud de la Ería.

Dice el dicho que quien resiste triunfa. Pero la frase lleva implícito que hay turbulencias por el camino. Sobre esa idea se celebran en Oviedo las VI Jornadas del Fracaso, que ayer acogió en el Centro Talud de la Ería las intervenciones de cuatro empresarios de éxito que mostraron al público asistente no sus triunfos, sino sus mayores fracasos. Algo en lo que no suele repararse en épocas como la actual, donde la figura del emprendedor se ha vuelto una versión moderna del caballero andante que, en vez de liberar princesas encantadas y matar dragones a lanzadas, se dedica a combatir por su cuenta nuevos monstruos llamados precariedad laboral, paro galopante, despidos, ERES, reajustes de plantillas o cierres de empresas. Porque lo cierto es que la promoción por el autoempleo se vende como una salida laboral atractiva, un elemento de dinamización económica, un canto a la libertad personal y una solución a la crisis… pero solo si el éxito acompaña, claro.

El problema, viejo como el mundo, es que la panacea de hoy suele ser el veneno de mañana, y frente a los triunfos sonados del empresario hecho a si mismo desde la nada se suelen olvidar los elevados porcentajes de autoempleados que, más pronto que tarde, se van a la quiebra y a la cola del paro. Así se presentó la cita, con un pequeño sketch teatral protagonizado por los actores Anacelia Alvarez y Roca Suárez, escrito por Maxi Rodríguez, colaborador de ATLANTICA XXII, que además de poner en situación la realidad del emprendedor de a pie, sirvió para recordar que “el 70% de empresas de nueva creación se van a la quiebra en los primeros cinco años”.

Phil González: guitarras y videojuegos

Sin embargo, es precisamente el fracaso lo que marca a un emprendedor que quiera serlo. Así lo indicó Phil González, cantante y guitarrista del grupo Soldier, quien señaló que tras diez años de trayectoria conjunta a base de ensayos, trabajo duro e inversiones “no ganamos ni un euro”, y eso a pesar de haber girado por toda España y Portugal -festivales potentes incluidos- y grabar tres discos “en los que nos falló desde la estrategia de marketing y promoción hasta el diseño de un logotipo fijo”. Pero tras padecer tanto su desconocimiento del negocio como la mala fe de promotores que podrían haber desanimado al fan más entusiasta, González ha aprendido que “la pasión por hacer lo que haces ayuda bastante”. Así que su empresa de videojuegos (otra dedicación paralela durante esos diez años) acaba de despegar este 2018 al conseguir “dar de comer a tiempo completo a todo el equipo de trabajo”, que integran seis personas entre propietarios y empleados. Su música, además, tampoco ha parado: Soldier siguen en activo, tocando y grabando con la misma formación de siempre.

Ernesto González: del producto elaborado a la materia prima

La apreciación de que el fracaso no es agradable, pero que es tan habitual como necesario, fue compartida también por Ernesto González, emprendedor mexicano cuya carrera arrancó de modo meteórico. Con una furgoneta y una máquina congeladora montó en su país una empresa de helados que superó las ventas de los dos gigantes del ramo: Nestlé y Unilever. Sin embargo, aceptó vender su negocio a uno de sus competidores y empezar otra empresa con los beneficios obtenidos de la transacción, pero ahí todo se torció. La nueva aventura fue todo pérdidas, pero explicó entre risas que “el error me sirvió para distinguir la diferencia entre lo que en México llamamos “chingadera” (fracaso, en términos poco sutiles) y la “chingonada” (el éxito, en tono igual de contundente). ¿La solución para resurgir? Tan simple como fijarse en lo que le rodeaba: González decidió dejar de producir helados, “un negocio sobredimensionado” al darse cuenta de que trabajando solamente con la materia prima (leche de vaca) no tenía competencia en su área geográfica. A partir de ahí, nuevo crecimiento, hasta poder dar el salto a España, estableciéndose en León, donde tiene sus orígenes familiares.

Javier Goyeneche: reciclar para renovar

El invitado estrella de la jornada fue el empresario textil Javier Goyeneche, creador de la marca Fun & Basics, una empresa de ropa y complementos de éxito arrollador que en diez años llegó a tener 17 tiendas por toda España. Pero en 2007, al lanzar una ambiciosa línea de bolsos de diseño, se asoció con una empresa inversora de capital riesgo… que hizo honor a su nombre. Fun & Basics creció desaforadamente hasta alcanzar las 68 tiendas, llegando incluso a México o Canadá, pero al año siguiente la burbuja estalló y los nuevos socios, más que aportar capital “crearon deudas”. Lo demás es conocido: ajuste de plantilla, despidos masivos y al final, venta de la marca. Sin embargo, más allá de la debacle que supone ver como se deshace lo que tanto éxito tuvo, Goyeneche aprendió algo todavía más importante. “Que la culpa no fue de la empresa inversora, sino mía”, señaló con total entereza.

Javier Goyenecehe, en el exterior del Talud de La Ería.

Su resurgir vino de la última aventura de la empresa en quiebra. Una línea de ropa hecha a base de material reciclado, que andando el tiempo se ha sustanciado en un negocio próspero caracterizado por la sostenibilidad, la prudencia y la obtención de elementos base “como algodón, nailon o lana que habitualmente acaba en el fondo del mar”. No es una metáfora: desde piezas de poliéster acumulado, neumáticos, borra de café o redes de pesca, hasta tejidos orgánicos desechados pero en plena vida útil, toda la línea de producción se basa en diseñar y manufacturar prendas hechas de material reciclado. “Barato pero de muy buena calidad”, señaló Goyeneche como principal estrategia. “Se trata de ofrecer lo mejor con lo que otros tiran”, insistió, y aunque es consciente de que en España “lo reciclado suele mirarse con desconfianza”, lo cierto es que “si yo no dijese de donde salen los tejidos, nadie lo sabría”. Los resultados son más que estimulantes: al crecimiento de la empresa, constante en los últimos siete años, se suman sus logros en economía social y planteamientos ecológicos y de cercanía. No solo es “reciclarse para no morir”, sino para no matar el planeta.

Rixar: “no confundas tus objetivos”

La jornada la cerró un conocido personaje ovetense, Ricardo García “Rixar”, creador de taxioviedo.com, la primera empresa española en contratar taxis por internet. Surgida mucho antes de la llegada de los smartphones, fue una idea original y exitosa que además le dió presencia mediática, al punto de ser algo así como un ‘trending topic’ avant la lettre. A pesar de que Rixar asegura estar acostumbrado a haber escuchado “toda la vida” juicios como “eso no tiene futuro” o “menuda ocurrencia”, la citada web le dio beneficios y fama en un momento dado, pero también algunas contrapartidas. “El éxito suele traer otras consecuencias”, indicó. La opinión de los demás es solo un camino, pero no el destino, y más cuando sales en la tele a nivel nacional generando reacciones de todo tipo, no siempre positivas. Y ahí supo lo que hoy comprueban las efímeras e innumerables ‘celebrities’ mediáticas que se suceden sin más oficio ni beneficio que estar en el ojo público. “Hay que saber cual es tu objetivo: que yo fuera conocido no significaba en absoluto que todo el mundo quisiera subir a mi taxi, que entonces, igual que hoy es lo que me da de comer”, añadió con una clarividencia que a otros, no hace falta poner ejemplos, les cuesta la carrera. Y no la del taxi, precisamente.

 

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