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Atlántica XXII

“Hemos perdido la capacidad de ponernos en el lugar del otro”

Entrevistas

“Hemos perdido la capacidad de ponernos en el lugar del otro”

Sus obras han recorrido todo el mundo y le han llevado al reconocimiento internacional. Casi quince años después ha vuelto a vivir a España con una trayectoria profesional al alcance de muy pocos

El pintor Hugo Fontela durante su intervención en el festival Fringe de Madrid. Foto / Carmen Figaredo.

Carlos Álvarez | Periodista

 

Con apenas 18 años Hugo Fontela (Grao, 1986) inició su andadura por los Estados Unidos. En Nueva York vivió y se desarrolló artísticamente durante los primeros diez años de su carrera profesional. Ahora, con una más que envidiable trayectoria a sus espaldas, ha vuelto a vivir a España sin olvidar, eso sí, el continente americano del que tan gratos recuerdos guarda.

Tu pasión viene desde que eras un niño.

Siempre tuve interés por el dibujo pero desde una perspectiva infantil. En la adolescencia fue cuando ese interés se acrecentó y cuando comencé a tomar clases, primero en Grado y al poco tiempo en Avilés, que es donde desarrolle mi aprendizaje formal de la mano de Favila en la escuela de Artes y Oficios. Las motivaciones atendían y atienden a materializar un pensamiento, o incluso podríamos hablar de necesidad, en forma de imagen u objeto artístico.

¿Serías capaz de explicar tu proceso de creación artística?

Es muy complejo, daría para unas cuantas líneas pero, en síntesis, parte de una emoción profunda que bebe de la naturaleza y que encuentra en la pintura el medio para materializarse.

Ahora has vuelto a vivir a España…

Comparto mi tiempo entre España y Estados Unidos, a los que se van sumando viajes y referencias distintas.

¿Por qué decides en su momento cruzar el charco y probar suerte en Estados Unidos?

Para mi la experiencia americana resultó decisiva para la comprensión del ámbito artístico como algo global, en ruptura con los pequeños o medianos ámbitos artísticos que la época digital, que yo viví en Nueva York, fragmentó. Entendía ese salto como una necesidad, ver lo que se estaba haciendo en el mundo, y que la ciudad reunía en sus galerías, y aprender.

Supongo que las oportunidades no son las mismas.

Es una cuestión de formato, no es mejor o peor España que cualquier otro país. De hecho para crear cada artista encuentra sus incentivos, sus referencias, su sitio en lugares opuestos, pero es cierto que el mundo del arte pasa por las grandes capitales, y en este caso Nueva York es una escena ineludible.

¿Qué podría hacer España para retener a sus talentos?

Volvemos a la misma discusión, es una cuestión de formato. Salir es importante, me atrevería a decir que necesario. Siempre habrá profesiones que en Asturias no se podrán llevar a cabo, y sería absurdo pretenderlo. Es bueno y un orgullo que el talento de nuestros compatriotas demuestre su valía fuera de nuestras fronteras, y en eso Asturias ha de estar atenta no para hacerlos volver, sino para aprovechar su éxito exterior en beneficio de nuestra región. Lo grave es que con nuestros recursos, con nuestra capacidad innata para determinadas actividades que propicia nuestro entorno y que podrían ser motor de cambio y generador de riqueza, se desatiendan.

Entonces eso del éxodo asturiano no tiene porqué ser tan malo, ¿no?

En algunos casos es bueno, no podemos ser victimistas. Hay que salir para realizarte en determinados ámbitos, lo grave es quien ve la oportunidad al lado de la puerta de su casa y le resulta difícil de alcanzar.

Tu viste la oportunidad de cruzar la puerta y lo hiciste y eso te ha permitido exponer en algunos de los espacios más importantes del mundo. ¿Hay alguno del que guardes un mejor recuerdo?

Sobre todo he trabajo en el continente americano y en Europa. Quizás por ser la última y la de más repercusión, la muestra Nowhere Island, que se llevó a cabo en la Galería Marlborough de Nueva York,

Entre tanto la política española se ha ido transformando a gran velocidad. ¿Qué ha cambiado desde que te fuiste hasta que volviste?

En mi discreta opinión hemos perdido la capacidad de ponernos en el lugar del otro, de encontrar terrenos comunes en los que entenderse, porque ello exige más esfuerzo, más capacidad de autocrítica, más reflexión y menos superficialidad. Me atrevo a decir que la sociedad camina sin tener en cuenta estas circunstancias. Vivimos por encima de nuestras posibilidades como país pese a tener grandes recursos, y hasta que la sociedad, la que mira a la derecha y la que mira a la izquierda, no asuma eso, no se logrará equilibrio.

¿Retos para el futuro?

Espero poder seguir siendo independiente y fiel a mi mismo, a mi manera de trabajar y de entender la vida y la pintura, que en mi caso caminan de la mano.

 

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