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Isabel Muñiz: “Nunca concebí el bar simplemente como un negocio”

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Isabel Muñiz: “Nunca concebí el bar simplemente como un negocio”

Desde que lo abrió hace once años, Isabel Muñiz ha sido cuerpo y alma de uno de los rincones más acogedores, culturales y bohemios de Gijón, el bar La Vida Alegre. Recientemente ha traspasado la que ha sido su «segunda casa» para dedicarse en exclusiva a su gran pasión, cantar con su exquisito trío de jazz Buen Suceso.

Isabel Muñiz, hostelera y cantante del trío de jazz buen suceso. Foto de Alex Zapico

Artículo publicado en el número 58 de ATLÁNTICA XXII (septiembre de 2018)

Diego Díaz

 

-Dejas La Vida Alegre, un local que está estrechamente asociado a tu biografía. ¿Te cansaste de la hostelería?
-La hostelería se cansó de mí. Fueron once años detrás de la barra y ya no tengo fuerzas ni para abrir un zumo. Lo importante es que La Vida Alegre se queda en buenas manos. Ese era uno de mis temores, que no hubiera relevo. Nunca concebí el bar simplemente como un negocio, sino más bien como un hogar. No me limitaba a servir una cerveza o un refresco. Estudié Trabajo Social y en La Vida hacía mucho trabajo comunitario. Terminas conociendo a un montón de gente, la pones en contacto entre sí cuando no se conoce…

-El bar sale en una canción de Nacho Vegas. Una década da para mucho.
-Sí, en una de Nacho y en otras de Toli Morilla y Fran Avilés. Salió mencionado en algún libro también. –

-¿Qué vas a hacer sin el bar?
-Voy a permitirme el lujo de estar un tiempo dedicada en exclusiva a Buen Suceso.

-¿Nuevo disco?
-Sí. Con la misma onda. Versiones y canciones propias. Ahora me veo más segura escribiendo y componiendo. Son canciones muy inspiradas en la vida cotidiana. Hay alguna nana, un poco de todo.

-¿Quién era Isabel Muñiz antes de tener La Vida Alegre?

-Estudié Trabajo Social y luego me dediqué a la investigación. Trabajé para una asociación gestionando fondos europeos. Fui gerente de una empresa. Pero después de pasar por un tumor, decidí que la vida son cuatro días y que iba a hacer dos cosas que me apetecían desde hacía mucho: montar un bar pequeñín y cantar. Ya había trabajado algo en hostelería mientras estudiaba y en el 97 había tenido un bar tipo La Vida Alegre en Pría, Llanes.

-Además de esas dos actividades, has estado muy implicada en el colectivo La Caja de Músicos.

-Sí. Es una asociación que nació hace diez años a raíz de la muerte (por un accidente de tráfico) de Igor Medio y Carlos Redondo, ambos integrantes de Felpeyu. Tiene como objetivo dignificar las condiciones laborales de los músicos y las músicas. De todo lo que pensamos hacer solo hicimos un escalonín. Al menos, ahora la gente puede cobrar legalmente un bolo de 200 o 300 euros sin arruinarse como autónomos al hacerlo.

-¿La solución a la precariedad de los artistas pasaría por imitar el modelo francés de los intermintentes del espectáculo, que garantiza a los artistas un subsidio para los periodos de desempleo? Ese es uno de los objetivos del sindicato de músicos. El modelo francés es muy bueno. En todo caso, creo que la cosa pasa por cambiar el sistema de autónomos en España, que favorece la precariedad y la economía sumergida, tanto del artista como del fontanero o de cualquier persona trabajadora por cuenta propia. Con unas cuotas razonables de autónomos y en función de lo que ingresas, más gente se daría de alta y el Estado ingresaría más.

-¿Cómo ves Xixón? Hay una cierta corriente de melancolía en una parte de la ciudad.
-Es normal. Vivimos los años 80 y 90. Una ciudad totalmente distinta. Somos todos vieyos. Hace falta más gente joven, que cambie la normativa y se pueda tocar en los bares, y recuperar la Tabacalera. La Plataforma de la Tabacalera tiene mucho mérito. Esta ciudad ya tiene un montón de festivales, algunos muy buenos como el Gijón Sound, que involucra a toda la ciudad. Pero hace falta un espacio autogestionado y usar parte de la Tabacalera o de los antiguos juzgados para eso sería perfecto.

UN BAR
La Corrada de Cimavilla.

UN RINCÓN
El muelle de Gijón.

UN LUGAR DE ASTURIAS
Ablaneu.

UN SITIO PARA VIVIR
Gijonín.

UNA CANCIÓN
No lo llames, de María Dolores Pradera.

ALGO SOBREVALORADO
La vida misma.

UNA PELÍCULA
La vida de Brian.

UN LIBRO
El de Nacho Vegas o el último de Sofía Castañón.

 

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