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Atlántica XXII

José Ramón Gómez-Fouz: “Los policías pegaban poco porque la gente cantaba”

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José Ramón Gómez-Fouz: “Los policías pegaban poco porque la gente cantaba”

José Ramón Gómez-Fouz durante la entrevista. Foto / Iván Martínez.

José Ramón Gómez-Fouz durante la entrevista. Foto / Iván Martínez.

José Ramón Gómez-Fouz (Oviedo 1952) fue campeón de Europa de boxeo, pero sigue dando golpes certeros con sus libros de investigación sobre la historia reciente de Asturias. Hijo de un policía nacional, tuvo acceso directo al temido jefe de la Brigada Político-Social en Asturias durante el franquismo, Claudio Ramos, fuente fundamental de Clandestinos, un libro que analiza la represión y la lucha contra la dictadura franquista. Más polémico aún fue La brigadilla, sobre la persecución a los maquis. Es propietario de una empresa en Oviedo.

Fernando Romero y Xuan Cándano / Periodistas.

¿Qué le parece la investigación judicial abierta en Argentina por la represión durante el franquismo?

Tiempo perdido. Primero porque todo está prescrito. Y además hubo una amnistía en 1975. Si eso se mueve hay que meter en la cárcel a terroristas de ETA por matar y no por dar bofetadas.

¿Cómo fue la represión franquista?

No es lo mismo hasta el año 1950 que después. A medida que se acaba la lucha contra los maquis la represión fue bajando. En comisaría solo mataron en Asturias a uno en 1946. Ya no había desaparecidos, salvo lo que pasó luego en el pozo Funeres. Esos fueron asesinados. Eso sí, fueron 8, es mentira que fueran 22. Ahí sí que hay un tema para investigar, aunque no puedes mandar a nadie a la cárcel porque está todo prescrito.

La represión en Asturias, ¿fue singular y más intensa?

Sí. Aquí el protagonismo lo tenía el Partido Comunista. Los socialistas eran inofensivos y su oposición era muy pequeña. El PC en Asturias estaba muy implantado. De hecho todos sus líderes eran asturianos, La Pasionaria, que vivió aquí, Carrillo… Estaban los mineros que eran un regimiento. Levantar a ese regimiento era un peligro contra el Régimen.

Franco tenía un gran conocimiento y una obsesión particular con Asturias.

Un amigo cuyo suegro fue Procurador en Cortes con Franco me contó que Franco le dijo: “¿Pero qué pasa en Asturias?, con el dinero que estamos dando a Asturias”. Él le contestó que habían cogido a Horacio Fernández Inguanzo y que la cosa iba a mejorar. Botas, presidente de la Cámara de Comercio, fue a un acto a hacerle la pelota a Franco y éste le dijo que toda la culpa era de los empresarios porque eran unos egoístas. Eran muy explotadores en las minas. Se lo pusieron en bandeja al Partido Comunista y Franco les echó la bronca. Claudio Ramos le hizo un informe a Arias Navarro, director de Seguridad entonces, que yo vi y decía que el primer problema era el económico. El PSOE solo hacía propaganda. Ramos me contó que fue a casa de uno de los que hacían las huelgas y que inmediatamente se dio cuenta de que era un problema económico. No tenían dónde sentarse. Otro problema eran las mujeres del PC. Eran peores y además los policías no podían tocarlas “por machismo”. Cuando llegaba a Madrid, al general Sáenz de Santamaría todo el mundo le preguntaba: ¿qué pasa por Asturias? La vista estaba puesta en Asturias porque tenía fama: la huelga del 17, el 34, la Guerra Civil, los maquis.

Ramos, “buen policía y persona”

Claudio Ramos fue esencial en la represión y era un feroz anticomunista. ¿Vino a Asturias por eso?

No, vino porque quería estudiar la carrera. Había estado destacado en Cataluña, no en la Brigada, trabajaba por oposición contra el contrabando y ya estaba condecorado. Quería estudiar Derecho. Entonces estaba el comisario España, que no era comisario, ni Claudio Ramos, pero les llamaban así. Aquí era el inspector jefe. Sacó el número 1 y lo mandaron para el País Vasco. En San Sebastián puso la casa patas arriba. Le llamaron y le dijeron “Asturias le necesita”.

Usted considera que era un buen policía. ¿Y su leyenda negra?

Todos los que le conocieron hablaban bien de él. Policías muy importantes en la democracia me dijeron que fue el mejor policía que vieron y muy buena persona…

Pero eso no se contradice con que fuera alguien que reprimió…

Pero es que era el encargado de la represión. Si no está él en la represión, ¿qué hubiera pasado? Hubiera habido muertos. Si no llega a ser por él esto se hubiera convertido en Euskadi.

¿Empleó métodos que lo impidieron?

Exacto.

Usando delatores y topos.

Exacto.

¿Eso era una estrategia suya muy personal?

Era una de sus especialidades. Ya tuvo confidentes en el País Vasco y aquí también.

Por lo que cuenta parece que estaba justificada la obsesión que tenían los comunistas por los topos.

Hombre, claro. A Claudio Ramos le llegaba Mundo Obrero antes que a muchos dirigentes. Eran inteligentes para lo que había entonces. El teléfono no se podía pinchar como ahora. La única manera era haciendo infiltrados y se la jugaban.

Fernández Villa, confidente

¿José Ángel Fernández Villa?

Era uno de ellos. Otros han fallecido y me molesta decir nombres. A uno lo metió a trabajar en el Economato.

¿Y cómo llegaba a tener confidentes, a través del miedo?

Era muy habilidoso.

¿Cómo fabricaba los confidentes?

Primero se ganaba la confianza de la gente y luego se portaba bien con ellos, no los dejó tirados. Y los ayudó en lo que pudo.

¿No delataban por miedo?

Que yo sepa ni uno solo lo hizo por miedo, simplemente les convencía.

El caso de Fernández Villa, ¿cómo fue?

Le convenció, estaba sin trabajo y se lo consiguió en las minas. Estamos hablando de los años 72-73. Ya era jefe superior Claudio Ramos.

Cuando salió el libro, ¿Villa nunca le dijo nada de su contenido?

Sí, claro, mandó al periódico una carta que no escribió él. Sé quién la hizo. Y la cosa quedó ahí. La gente no es muy sagaz. Yo me di cuenta de quién la había escrito. Hubo gente que me dijo que ya sospechaban de Villa. Pero él no me denunció porque es verdad. Y había más como él.

Siempre diferencia a la Guardia Civil de la Policía respecto a la represión.

La Guardia Civil era más contundente. Ya lo habían sido en 1934. Pero, ojo, que fue un capitán (se refiere a Fernando Caro en 1963), tampoco fueron todos. La diferencia en el trato entre Policía y Guardia Civil era abismal, a mí me lo dijo una mujer víctima de la represión. En la Guardia Civil eran más incultos, más de pueblo, y todo lo arreglaban a hostias.

Represores vivos

¿Pascual Honrado de la Fuente?

Otro gran policía. El número dos de Ramos. Sirvió tan bien con Franco como en la democracia.

Sus víctimas aseguran que daba grandes palizas.

¿Quién? ¿Gerardo Iglesias?

Y Vicente Gutiérrez Solís.

Le pegó una bofetada, pero una vez. De acuerdo, bien. Pero por una bofetada, ¿va detrás un tribunal internacional?

Decía Gerardo Iglesias que era especialista en las patadas en el hígado.

Yo eso no lo creo. A la mayoría no les tocaban. Eso lo sé. A Gerardo le dieron patadas… no sé quién se las dio. Yo no estaba allí. La gente cantaba mucho sin necesidad de palizas. La comisaría daba miedo. Techos altos, todo pintado de blanco… No hacían nada, pero la gente tenía miedo.

¿Lo que quiere decir es que los detenidos tenían miedo y hablaban sin que les hicieran nada?

No todos, pero la mayoría. Ahora contarán lo que les dé la gana. Yo hablé con muchos y nadie me dijo que les pegaran.

Tal parecían unos santos los policías de la Brigada Político-Social.

Simplemente les tenían miedo.

¿Fernando Caro?

Si yo fuera él, pasado el tiempo la conciencia me obligaría a pedir perdón, por lo menos a Anita Sirgo, a la que conozco. Estuve con ella y se portó de maravilla conmigo. Me lo contó todo. En un acto de presentación del libro en La Felguera, al que tuve que ir con escolta, gritó: “¡Eso que dice es todo verdad!”. Luego me dijo que había una gran cantidad de chivatos.

¿Fernando Caro fue especialmente cruel?

Era muy joven, tenía 28 años y la mujer tenía parentesco con Millán Astray. Él creía que le iban a echar, de hecho vinieron de Madrid a interrogarles a él y al cabo Pérez, que cuando vio que venía con una maquinilla un pelotas que era un policía municipal para cortarle el pelo a Anita dijo que se lo cortaba él. Lo hizo con tijera para que no quedara tan mal. El cabo lo hizo porque eso nunca se había hecho y se daba cuenta de la gravedad. Se enfrentó a Caro y le dijo que nunca había pasado nada “hasta que vino usted”. Aquello hacía daño al Régimen. En tiempos de Franco si mataban a alguien salía en todos los periódicos europeos. Los policías estaban mejor formados. Integraban brigadas móviles, la mitad de ellos eran judokas y, claro, disolvían las manifestaciones con eficacia. Ellos no presumían de nada. La vida de un policía era durísima.

Otro policía relevante en la Brigada Político-Social en aquella época era Antonio Garrido.

Yo sé que se infiltró en la UGT y les tuvo controlados, pero no traté con él. Luego fue jefe superior de policía en Madrid con el PSOE, fíjate tú, el que había desarmado al sindicato socialista. El PSOE no tiene complejos, y te digo una cosa, Claudio Ramos tuvo mala suerte porque gobernaba la UCD, si llega a estar el PSOE le cogen y le ponen inmediatamente al frente de la policía en el País Vasco.

También pesan sobre Garrido múltiples acusaciones de maltratos.

Yo eso no lo sé. Yo con los que hablé no recibieron maltratos de él. A Gerardo le pegaron pero también me dijo que “cosas raras” no le hicieron. Algunos exageraban con lo que contaban, me dijo el propio Gerardo. Muchos me dijeron que preferían que les llevaran a la Policía Armada de Buenavista porque les trataban de forma humana. Gerardo me confesó que un policía le dio tabaco, que estaba prohibido, y que le dijo: “¡Chavalín, si no dijiste nada, aguanta, que por el tiempo que llevas te tienen que sacar!”. A la Guardia Civil le tenían miedo.

¿Julio Bregón?

No pegaba a nadie. Podía tirar de pistola y por eso fue por lo que le echaron de la Policía. Tini Areces lo metió porque a los socialistas les importa tres cojones quién era y qué hacía. Tiran por la calle del medio. El Régimen no solo era la policía, también había periodistas. Como Manolo Avello, que era un pelota y nunca defendió a nadie. También profesores y empresarios. Luego, claro, llegó la democracia y todos eran liberales.

Felipe y los archivos

¿Qué está diciendo, que pegaban más los maestros que los policías?

Por supuesto. A mi me hincharon a hostias en el colegio. Los policías pegaban poco porque la gente cantaba.

El PSOE cuando llega al poder en 1982 no depura a estos policías sino que, en general, los asciende. ¿Qué opina?

Felipe González era un estadista y dijo que se quemaran los archivos para que no se supiera lo que habían dicho, posiblemente, muchos de sus compañeros. Algunos se quedaron con los archivos. Es que la gente cantaba. Veían un uniforme de la policía y no es como ahora, era militar, con el correaje… e impresionaba. Yo nunca vi sacar un palo a un policía. No le hacía falta.

¿Tuvo problemas por sus investigaciones y publicaciones?

Amenazas por teléfono. A mi mujer la llamaron al teléfono del trabajo y dijeron que iban a matarme a mí y a mi hijo. Sentí no poder saber quién era. Sospecho quién fue, pero no tengo la prueba. Me llamaron por el libro de la Brigadilla, prácticamente todos los días me llamaban. Le dijeron a mi mujer que tenía una amante. Era mentira, por supuesto.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 33, JULIO DE 2014

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