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Atlántica XXII

La maraña del enchufismo

Afondando

La maraña del enchufismo

Ilustración de Toño Velasco.

Artículo publicado en el número 61 de nuestra edición de papel (marzo de 2019) como inicio del monográfico sobre el clientelismo

David Remartínez | Periodista
@davidrem

El clientelismo tiene un nombre demasiado amable para el calibre de sus consecuencias. Es un tumor capaz de paralizar una administración, de estropear servicios ciudadanos básicos, de devaluar una universidad o un hospital, de propiciar paro y pobreza a medio plazo al frustrar el progreso de los mejor preparados para cada tarea, al entregar obras fundamentales a empresas incapaces. El clientelismo no es una broma de bar, vaya, aunque nos encante comentarlo allí, y aunque muchos de sus beneficiarios se pasen la vida acodados a una barra a costa de un salario que les abonamos todos.

Al ser difícil de cuantificar, de exponer su enfermizo alcance mediante una cifra, el clientelismo es un tumor muy complicado de combatir. ¿Cuántos enchufados hay en Asturias? Seguro que si lanzamos esta pregunta en un chigre, la concurrencia contestará al unísono que la de dios, probablemente enfatizándolo entre carcajadas. El clientelismo es uno de esos males a los que nos hemos resignado, creyendo que con la broma hacemos censura pública. Pero no. En realidad, nadie se propone atajarlo porque significa enfrentarse a mucha gente poderosa: funcionarios, catedráticos, familias de abolengo, multinacionales y la caterva de chupópteros de tantos partidos políticos. Porque ahí está la clave, claro, en los partidos, capaces de esconder bajo flamantes promesas electorales auténticas campañas de contratación de sus amiguetes.

Por clientelismo entendemos el trasvase ilícito de recursos públicos (principalmente empleos, pero también contratos, terrenos, permisos…) a una persona, organización o empresa a cambio de un apoyo electoral. En su forma original, ese apoyo era el voto del beneficiario y el de otras personas relacionadas con él. Si coloco a un compañero de partido en Hunosa, luego apoyará mi candidatura a presidente del partido. Si privatizo una empresa pública a dedo para dársela un amiguete, me devolverá el favor colocando a otro compañero de partido en el nuevo negocio. O colocando a mi cuñado. Ni que decir tiene que el empresario y mi cuñado se afiliarán al partido, y apoyarán mi candidatura. Y si luego pierdo en las urnas, siempre puedo ir a trabajar enchufado a la empresa privatizada.

La evolución del clientelismo parte del caciquismo rural del siglo XIX, vertical, servil, violento en ocasiones, prolongado hasta la democracia y sustituido entonces por un clientelismo de partido, horizontal, encorbatado y tramposo. Es el sistema de finales del siglo XX y principios del actual, que sin embargo ya ha empezado a cambiar las tornas hacia un capitalismo clientelar, donde la sartén no la tiene por el mango el político, ni tan siquiera su partido, sino la empresa, convertida ahora en gran corporación y tan poderosa como para reclamar del gobernante que legisle o gaste a su mejor interés. El político es ahora el cliente turbio de la multinacional, que utiliza a la administración en su beneficio mediante resortes ajenos a los cauces democráticos.

El principal reflejo que muestra un clientelismo asentado, no obstante, es el de una sociedad que ha relajado sus requisitos morales. Si el clientelismo campa sin barreras es porque numerosos actores que podrían combatirlo o dificultarlo no lo hacen. Porque solo se censura de espaldas a los jetas. Porque se les acaba tolerando en las urnas. Y como en tantos otros aspectos de la vida social, al normalizarse, al convertirse en una costumbre asumida, el tumor cada vez contamina nuevos ámbitos: la Justicia, la Educación… ¿No es demasiado sospechoso que en tantas empresas públicas y privatizadas de Asturias trabajen tantas personas relacionadas en primer o segundo grado con algún partido o sindicato?

Para debatir sobre esa pregunta hemos preparado el monográfico que ya hemos empezado a publicar en nuestra web y que podréis seguir leyendo aquí durante las próximas semanas.

 

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