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Atlántica XXII

La prensa y el fusilamiento del rector Alas

Afondando

La prensa y el fusilamiento del rector Alas

El rector Leopoldo Alas Argüelles. Foto / Archivo Tolivar Alas.

El rector Leopoldo Alas Argüelles. Foto / Archivo Tolivar Alas.

“Muera la inteligencia”. El grito de Millán Astray ante Unamuno en la famosa escena a los tres meses del inicio de la Guerra Civil, en la Universidad de Salamanca, fue un vaticinio. Cuatro meses después sería fusilado Leopoldo Alas Argüelles, en uno de los crímenes más atroces de la contienda, porque en el rector de la Universidad de Oviedo personificaban los sublevados su odio al pensamiento, la inteligencia y la ponderación. Leer ahora aquel suceso en la prensa de la época de ambos bandos resulta esclarecedor.

Félix Población / Periodista y escritor.

En su edición del 2 de febrero de 1937 reproducía el diario socialista Avance, publicado por entonces en Gijón, la información difundida por el periódico faccioso La Nueva España –que ocupó el edificio de Avance en Oviedo tras la traición del coronel Aranda– sobre el consejo de guerra que condenó a muerte al rector de la universidad ovetense, Leopoldo Alas Argüelles, hijo del gran escritor Leopoldo Alas “Clarín”. Avance encabezaba el texto transcrito con un titular en portada a tres columnas: “La brutalidad medieval del Consejo de Guerra seguido en Oviedo contra el rector de la Universidad”.

Merece ser destacada –por significativa– la entradilla con la que el anónimo redactor inicia su crónica: “La represión, indudablemente rigurosa, de tanto crimen que se ha cometido en España ha de empezar por todos aquellos que por su cultura y su capacidad, más que suficiente para apreciar la significación de los idearios y de los partidos extremistas y de izquierda, envenenaron día a día la conciencia española y pusieron sin duda alguna las armas en la mano de muchos de los que hoy combaten contra nosotros en las trincheras, alcanzándoles por tanto y con mayor motivo que a estos la responsabilidad de tanta nobilísima sangre española pródigamente derramada”.

Llanes y las elecciones

La información alude después al 14 de abril de 1931 como fecha en la que España “empezó a caminar hacia su ruina” y recuerda al procesado en su calidad de subsecretario de Justicia, siendo ministro el “por tantos conceptos funesto” Álvaro de Albornoz. La crónica habla de la participación del señor Alas en multitud de actos extremistas, acusándolo de ataques al Ejército y de pronunciar esta frase tras el indulto del dirigente sindical asturiano Ramón González Peña, condenado a muerte por su participación en la revuelta de octubre de 1934: “Sobre la razón fría de la ley está el corazón de los hombres”. También se hace referencia a unos incidentes ocurridos en Llanes, al ser agredidos unos estudiantes por dar vivas a España en respuesta a otros que daban vivas a Rusia. “El señor Alas –se puede leer– no se recató de culpar a los primeros, que provocaron a los obreros cantando la Marcha Real”.

Tras referir unas cuantas anécdotas similares en contra de Alas Argüelles, la crónica se refiere a la presencia del rector en actos públicos relacionados con las elecciones de febrero de 1936 que dieron el triunfo al Frente Popular. Así, en un mitin celebrado en el Teatro Jovellanos de Gijón, “en el que aparece el procesado entre los elementos de los partidos subversivos como Dutor, Laredo, La Pasionaria, Antuña, Amador Fernández y otros”. El anónimo redactor hace constar como agravante que en ese acto se dijo, por parte de la representante del Socorro Rojo Internacional, la escritora María Teresa León, que los millones destinados a construir cuarteles para la Guardia Civil se destinasen a casas higiénicas para albergue de los huérfanos de la revolución asturiana.

También se hace referencia a la presencia de Leopoldo Alas en un mitin celebrado el 26 de enero en San Esteban de Pravia, con asistencia de la diputada Matilde de la Torre y el comunista Luis Bárcena, alegando que “el señor Alas se produjo en términos violentos, propugnando el comunismo, la acción directa y la rebelión”. Por otra parte, en una conferencia pronunciada por el rector en la sede de Izquierda Republicana, se señala que el procesado contó anécdotas (a juicio del diario ovetense La Tarde) alusivas a la contradicción entre lo que el clericalismo predica y lo que hace. Propugnó asimismo la enseñanza laica e hizo referencia a la religión, “convertida según él en una asignatura por obra y gracia del jesuitismo”.

De aquí se pasa al periódico Cartel, que obra unido a la causa, y donde se achaca al procesado “una irónica alusión para nuestra prensa de orden; y si bien es preciso reconocer su conducta correcta en la cátedra, consta también que en los pasillos y entre sus amigos hacía activa propaganda de las doctrinas izquierdistas. Por todo lo cual, dada la trascendencia enorme que en todos los órdenes de la vida ha tenido la criminal intentona de los partidos del Frente Popular, el fiscal considera incurso al procesado en un delito recogido en el artículo 173 del código de Justicia Militar, solicitando la pena de muerte”.

Tras reproducir unos breves diálogos entre el fiscal y el señor Alas Argüelles, la información prosigue con las pruebas testificales, que ofrecen datos a favor de la conducta del rector, tanto en lo personal como en lo profesional. Sin embargo, un tal José Fernández Fernández, alumno de la Universidad del segundo año de Ciencias, “contestando a las preguntas relativas al alboroto de los estudiantes madrileños [se supone que en Llanes] que en su actitud agresiva llegaron a sacar unas pistolas, dice que el procesado no solo aplaudió el acto, sino que llegó a decir que debían haber disparado”.

Odio a la inteligencia

El diario socialista 'Avance? informó puntualmente del juicio, la condena y la ejecución del rector Alas.

El diario socialista ‘Avance? informó puntualmente del juicio, la condena y la ejecución del rector Alas.

Ese mismo día, el periodista Javier Bueno, que seguía siendo director de la edición de Avance en Gijón después de haberlo sido en las dos épocas precedentes del periódico en Oviedo, escribe un artículo editorial titulado “El catedrático: he ahí el enemigo”. Tanto por su contenido y forma, Bueno califica de medieval el proceso, tras deplorar la inepcia y deplorable sintaxis del periodismo de derechas, “cerril y zambo de las dos parejas de remos”.

“Vana pretensión subrayar la monstruosa iniquidad del proceso –escribe Bueno–; ningún argumento puede mandar tanta fuerza como la lectura en su propia salsa facciosa. Se condena al catedrático a muerte por inaprehensibles culpas de izquierdismo moderado y aun reconociendo expresamente que en su magisterio procedía lo que llaman sus acusadores ‘correctamente’”. Según Javier Bueno, Leopoldo Alas nunca estuvo (ni podía estarlo) considerado como hombre de calificadas posturas extremas. Mucho de lo que refleja el extracto de su declaración publicado por esa “Nueva España” de Oviedo “revela parte de la verdad. Aun descontando lo que la coacción brutal del medio haya puesto en labios del sumariado, no puede desconocerse que habló con sinceridad al dibujarse como persona no entregada a ideologías ni políticas desorbitadas de un moderado republicanismo”.

En opinión del director del diario socialista, se eligió al rector a modo de escarmiento por su categoría intelectual, por su crédito de profesor, por odio a la inteligencia, que es la enemiga natural del totalitarismo cuya implantación persiguen los sublevados. “Con esta reveladora significación –concluye el artículo– ha sido visto ya el caso en el extranjero, donde es motivo de comentario y sirve para apreciar con máxima justeza el sentido de la sublevación española”.

Un mes más tarde, Juan Antonio Cabezas, perspicaz biógrafo de Clarín y redactor de Avance que muchos años después llegaría a ser subdirector de ABC, firmaba con el seudónimo Boy un artículo a favor del indulto del rector. El autor afirma adelantadamente que los reaccionarios han batido un récord en su criminal deporte de matar intelectuales: “Ello también tiene una explicación lógica a poco que meditemos sobre tan feo asunto. El fascismo polariza en cada país los estratos más profundos de sus capas reaccionarias. Y reacción ha sido siempre coacción e incomprensión en el orden de los sentimientos humanos, y en el orden de la cultura, anticultura e ignorancia almidonada, que se caracteriza por su pereza mental”. Tras remontarse al tiempos de Cisneros y Torquemada, Boy señala los casos de Cervantes, Lope, Fray Luis y Jovellanos: “Por eso no tiene nada de extraño que la actual persecución fascista, que presenta todas las características de una verdadera regresión ideológica, fije sus preferencias criminales en los hombres que, como el rector de la Universidad, Leopoldo Alas, son los continuadores de una tradición española de la cultura liberal y humanista”. El artículo termina afirmando que la reacción, “típicamente ovetense, no perdona a Leopoldo Alas el que sea hijo de Clarín, aquel a quien no han perdonado todavía sus acerados Paliques ni su liberalismo”.

Matar al padre

El 6 de abril un titular a una columna en la portada de Avance da noticia de la ejecución. El artículo editorial de Javier Bueno tuvo la contundencia propia de quien tanto se caracterizó por un periodismo combativo y también sería fusilado por el franquismo en 1939: “Se ha consumado la estúpida crueldad. Ha sido fusilado Leopoldo Alas, rector de la Universidad de Oviedo”.

El diario gijonés también informó de la póstuma vejación de la memoria de Alas en el monumento a su padre.

El diario gijonés también informó de la póstuma vejación de la memoria de Alas en el monumento a su padre.

“No habíamos perdido la esperanza de que se le respetara la vida. No, ciertamente, por esperar nada de un sentido de justicia que ya sabemos que no hay –escribe Bueno–, sino por no creer que puede pervertirse hasta ese extremo el instinto de la propia conveniencia”. En opinión del director de Avance, la sentencia contra Alas, su vida, toma valor de símbolo universal. Las naciones se conmovieron ante la amenaza. Se centró en ese caso de la persecución fascista la mirada de millones de hombres. “¿Cómo no atribuir al más necio la inspiración de disimular sus maldades allí donde tiene enfocada la luz? Ni eso le ha salvado. Es el odio contra el intelectual, contra la integridad intelectual que sabe su misión. Reconozcamos que ese odio a lo intelectual responde a una realidad de legítima defensa. Leopoldo Alas, con su moderación, con su ponderado verbo, con su templada conducta, era corrosivo para la taifa bestial que lo ha inmolado”.

“Hombre de ciencia y de verdad –prosigue el artículo–, mucho va a contribuir Leopoldo Alas después de su muerte, por el mismo hecho de ella, a poner en claro la realidad histórica de las dos Españas que luchan. Dolor nos causa lo que han hecho con él. Mas ¿por qué no decir que lo preferimos muerto a nuestro lado que no sabio de alquiler como tantos otros? Como él mismo lo ha preferido también. Porque él ha decidido de su suerte”.

El 6 de mayo, en aquel Oviedo franquista del coronel Aranda, se da cuenta de una noticia que viene a culminar el proceso inquisitorial llevado a cabo contra el hijo de Clarín y que no es muy conocida; el atentado contra la estatua de Leopoldo Alas padre, de Manuel Álvarez-Laviada, ubicada en el Campo de San Francisco. El titular del artículo de Boy lo dice todo y viene a poner un punto final entre grotesco y cainita a la ejecución/asesinato del rector Alas: “Clarín es vejado en efigie”. El autor reafirma en las primeras líneas que al hijo de Clarín lo mataron los enemigos de su padre: “Sombras podridas, muertas; sombras de muertos que odian aún, con ese odio lejano reprimido años y años bajo una losa funeral; clérigos, marqueses y beatas, resucitados ahora, en esta epifanía reaccionaria del falangismo. Fantasmas sin carne, y por lo tanto sin piedad, que vengaron en el hijo las ironías de Clarín”.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 43, MARZO DE 2016

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