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Lodario, la historia de un médico ejemplar

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Lodario, la historia de un médico ejemplar

Alejandro López Álvarez reconstruye en un libro la vida y muerte de una de las figuras más carismáticas del valle de Fornela, en León

Lodario, la historia de un médico ejemplar.

Chefor Rad | Periodista

Alejandro López Álvarez es fornelo, dícese del nacido en el valle de Fornela, León, limítrofe con las comunidades de Galicia y Asturias. Alejandro López ha escrito la historia de Lodario Gavela Yáñez, el médico que no quería morir, según reza el título de su libro (KRK Ediciones). Cuando Alejandro iba a la escuela de Trascastro, un pueblo del valle de Fornela, a recibir las primeras enseñanzas, empezó a saber quién era Lodario. “Oí hablar de Lodario como buen médico que pensaba hacer el bien a los demás. También escuché que Lodario había sido asesinado de una forma vil por una brigadilla de la Guardia Civil. En mi escuela de Trascastro había una placa que decía al doctor Lodario Gavela Yáñez, alma de la educación infantil de Fornela. Gratitud. Trascastro, 1943. Esa placa la veía desde niño”

¿Cómo se te ocurrió reconstruir la historia del médico Lodario?

Después de los recuerdos de la infancia Lodario quedó pendiente, empecé a pensar que la historia de este médico debería ser contada, entre otras circunstancias porque muchos testigos de los hechos empezaban a morirse. Pensaba desarrollar la investigación para cuando me jubilara como profesor de literatura española. Pero los acontecimientos me obligaron a adelantar la investigación. La presencia de Lodario en el valle de Fornela era continua aunque se comentaba en ámbitos reducidos, se decía que le habían matado los guardias. Permanecía un recuerdo muy vivo, lo que me empujó a indagar más sobre esa figura. Lo hice desde diversos ámbitos: Memoria de la gente, Archivos históricos y de la guerra, informes policiales, periódicos de la guerra civil, Historia académica en forma de tesis universitarias y el Archivo oral de milicianos.

¿Ha mezclado realidad y ficción?

Hay ficción, pero hay que acotar los contextos siempre a la historia real. Por ejemplo los diálogos con el Santeiro, uno de los guerrilleros de Fornela, o con el cura, Lodario conversaba también con el cura, siempre sabiendo como era cada uno de ellos. El conflicto de la República es el marco que sirve para dar sentido a los hechos históricos.

¿Valladolid fue decisiva en la formación de Lodario?

Allí se afilió a la Federación Universitaria de Estudiantes, que era una asociación progresista que asimilaban los postulados de la Institución Libre de Enseñanza; valoraban la educación como reflejo de los valores republicanos que consideraban la enseñanza como una forma suprema de la acción. Educar era una forma de lograr la transformación social, así sembraron el valle de Fornela de escuelas, en Trascastro, Chano, Guímara y Cariseda. Lodario llegó a contactar con Antonio Machado. Las misiones pedagógicas de la República también estuvieron presentes en el valle de Fornela. También contactó con el escritor asturiano Ángel González que había acudido a Palacios del Sil (en el Bierzo Alto) a tratarse de una tuberculosis en el año 1943, todavía en plena posguerra incivil. Compartieron una tertulia literaria en Páramo que hacían en la rebotica de la farmacia de Doña Ninfa. Ambos compartían gustos poéticos como el ya mencionado Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez.

¿Lodario promocionó mucho a las mujeres también, verdad?

Así es, frente a la concepción del régimen que pretendía que la mujer quedara reducida al ámbito del hogar, con la frase “que los niños miren al mundo y las niñas miren al hogar”. Frente a ello Lodario sacaba a las niñas de Fornela y las llevaba de excursión a Ponferrada y Fabero para que vieran mundo. Me he encontrado con varias mujeres que me decían “si no hubiera conocido a Don Lodario mi vida hubiera sido muy diferente”. Intentó modificar los espacios de las casas de los fornelos para preservar la salud y el decoro.

¿Es cierto que muchos niños de Fornela se llaman hoy Lodario?

Es verdad, muchos niños de la zona tienen el nombre de Lodario lo que significa un homenaje al médico asesinado que permanece en el recuerdo. Me he encontrado con gente de fuera de Fornela que también había puesto a sus vástagos el nombre de Lodario. El médico contaba con la valoración de los fornelos pero también atendió a gente de fuera del valle. Así en el Rebollar, Ibias, me contaban que una persona que estaba muy mal fue curada por Lodario hasta el punto de llegar a vivir 101 años. En Tormaleo, Ibias, solucionó un caso que hizo que le regalaran una ternera.

¿Qué impulsa a la Guardia Civil a asesinar a Lodario?

Era un líder carismático, que manifestaba con claridad su desafección al régimen, atiende a los guerrilleros, sobre todo a Serafín el Santeiro, que padecía del pulmón, necesitaba permanentemente la atención de Lodario. Los responsables del cuartel de Peranzanes, consideraban que si el Santeiro seguía vivo era gracias a Lodario. El Santeiro era un individuo muy cotizado que se pasó 10 años en el monte. Estos factores son los que llevan a la Guardia Civil a tomar la decisión de eliminar al médico, siguiendo un método que se había puesto en práctica por el régimen: darle un tiro. Para ello se trae a guardias de fuera de Fornela, porque el médico contaba con la simpatía de una parte de los guardias de Peranzanes, a los que había atendido y curado. Fue una brigadilla de guardias civiles la que asesinó a Lodario, ayudados por falangistas. Todos a las órdenes del Coronel de la Guardia Civil de León, Gumersindo Varela Paz. El asesinato lo presenciaron dos personas. Con el paso de los años el Estado reconoció que Lodario había sido asesinado por la Guardia Civil. Una hermana del médico, Obdulia Gavela, le espetó a Gumersindo Varela en plena calle: “Estarás satisfecho con el asesinato de mi hermano”. El cadáver fue abandonado y tapado por brezos y piornales, para esconderlo. Gentes de los pueblos de Fornela fueron a buscarle en la noche del 24 de septiembre de 1947, no le encontraron. Al día siguiente volvieron a salir y hallaron el cadáver. Desde allí le llevaron a Trascastro, a la casa grande, donde fue velado durante dos días. Acudió gente de fuera de Fornela y un sentimiento de orfandad recorrió el valle. La sensación de orfandad se extendió entre muchos aldeanos y el miedo invadió los espacios antes reservados a la esperanza. Habían matado al médico que no se dejaba atemorizar y que mantenía viva la llama de la libertad.

A principios de diciembre de 1947 el cadáver de Serafín el Santeiro era encontrado a las afueras del pueblo de Fresnedelo. No se supo con certeza la causa de su muerte, pero no fue apresado por los guardias y nadie reclamó para sí la recompensa que se ofrecía por él. Sin embargo, por Fabero se arrastró su cuerpo, exhibiéndolo como símbolo de una victoria que no había sido ganada. En el despacho del Coronel Gumersindo Varela se recibió la noticia con una satisfacción que multiplicaba la que había recibido nueve semanas antes, cuando se había enterado de la eliminación del médico “que extendía la desafección contra el régimen por los pueblos de Fornela y sus contornos”.

Tras el golpe militar fascista contra la República Lodario viene a Asturias a adherirse a las fuerzas republicanas

Lodario trabaja en los llamados hospitales de sangre. A Lodario le acompañaron 400 fornelos que se fueron caminando a pie desde el valle hasta Trubia en Asturias. Rechazaron desempeñar puestos de camilleros que les ofrecieron en Somiedo y expresaron su idea de luchar a favor de la República. Esta andanza kilométrica de los fornelos fue cantada en romance por una maestra de la zona que logró escaparse de los falangistas. Al caer el frente en Asturias es capturado por el ejército rebelde que le emplea como médico aunque él mantiene sus convicciones. Le prorrogan la estancia en los hospitales más allá del término de la guerra civil. Cuando tengo en mis manos el expediente militar de Lodario, compruebo que el médico no ha renunciado a sus convicciones que nos sitúa ante valores de solidaridad, de preocupación por los demás, de justicia social, de defensa de la libertad. Esto nos sirve para el futuro, mas en estos tiempos que estamos viviendo, donde la ideología fascista vuelve a esparcirse por el mundo. En este sentido Lodario es un ejemplo de compromiso social, incluso en situaciones muy difíciles como las que él vivió, hasta el punto de que adquirió una dimensión trágica pero ejemplar al mismo tiempo.

El valle de Fornela rindió homenaje a Lodario el pasado mes de agosto. Fue en Trascastro cuya primera casa atesora la memoria de su consulta, tal y como la dejó el día de su muerte en las curvas de Cariseda. Eran los años cuarenta pero nadie se atrevió a retirar ni una sola de las placas que en cada pueblo proclamaban su filantropía. En el homenaje celebrado en el campo del santuario de Trascastro se llenó de gentes procedentes de los distintos pueblos del valle de Fornela y de los alrededores para participar en los actos. Uno de sus impulsores fue Alejandro Álvarez que se vio acompañado por personas mayores que conocieron a Lodario y también por familiares del médico. Una lectura de poemas compuso un homenaje que vivirá para siempre en la memoria colectiva del valle de Fornela.

Elegía a Ramón Sige, poesía de Miguel Hernandez recitada durante el homenaje:

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las ladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

NARCISO, EL HERMANO DE LODARIO

Narciso Gavela Yáñez mantuvo siempre en la cárcel el recuerdo triste del asesinato de su hermano Lodario y cuando salió en libertad condicional en noviembre de 1959 en la esquela que se conservaba en la casa de su madre, tachó las palabras muerto en Fontanales y escribió con rabia “asesinado por orden del sanguinario y contrabandista Gumersindo Varela”. Narciso Gavela se había pasado en la cárcel 18 años, ocho meses y ocho días por el hecho de ser militante del Partido Comunista de España. Esa esquela se ha mantenido escondida pero Atlántica XXII la publica en homenaje a toda la familia Gavela Yáñez y al historiador que nos ha descubierto la historia de Lodario.

El certificado forense sobre la muerte de Lodario, firmado el 25 de septiembre de 1947, sostiene que falleció por “chok traumático”. Este certificado de defunción expedido en León el 19 de junio de 1979, reproducía la misma causa argüida por el médico forense de Ponferrada el 25 de septiembre de 1947. Años después el Estado reconocía lo evidente, Lodario había sido asesinado tal y como sostuvieron sus hermanos Obdulia y Narciso.

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