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Más lisístratas para el 8-M

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Más lisístratas para el 8-M

Artículo de la periodista Elena Plaza publicado solo unos días antes de la histórica huelga feminista del 8-M.

Anita Sirgo

Anita Sirgo, símbolo de la lucha de las mujeres en las huelgas mineras de 1962. Foto / Iván Martínez

Elena Plaza / Periodista.

Ya en la Grecia clásica Lisístrata organizó a las mujeres de las ciudades de Atenas y Esparta para declarar una guerra de sexo a sus maridos y poner fin a la guerra. Pero la convocatoria de huelga del 8 de marzo va más allá que esta presión sexual recogida por Aristófanes en su popular comedia. Esta huelga pretende visibilizar la importancia de las mujeres en las áreas de cuidados, consumo, laboral y estudiantil. Una huelga de ausencias de mitad de la población mundial, que es el porcentaje de mujeres en el mundo.

Más allá de eslóganes mercantilizados por marcas glamurosas reflejadas en camisetas, el movimiento feminista pretende reivindicar el trabajo de cuidados, tradicionalmente desempeñado por mujeres, y ponerlo en valor. “Si nosotras paramos, para el mundo”, señala Marta Fernández, del Movimiento 8-M en Asturias, haciéndose eco de esta tesis. Desde los movimientos de mujeres apuestan por enfrentar la batalla en colectivo, pero también como “un trabajo individual: todavía hay muchas mujeres machistas claramente educadas en un sistema patriarcal”.

El movimiento comienza a desarrollarse en Sudamérica de cara al 8 de marzo de 2017 y de allí salta a Europa, aunque ya en 1975 Islandia creó precedente en la lucha por los derechos de las mujeres. Las denominadas Red Stockings, un movimiento feminista radical, convocó una huelga de mujeres para aquel 24 de octubre. Fue un viernes en el que el 90% de las mujeres salieron a la calle en lugar de ir al trabajo, cuidar a hijos e hijas o hacer las labores domésticas. La consecuencia fue el colapso del país y que los hombres pudieran ver el peso real de las mujeres y su trabajo en la sociedad.

Tan solo nueve mujeres tenían representación en el Parlamento islandés, a pesar de tener el voto reconocido desde 1915. Habría que esperar hasta 1980 para que el país tuviera a su primera mujer presidenta. En la actualidad la presencia femenina en la Cámara es del 44% e Islandia es uno de los países que más destacan en igualdad y calidad de vida. Queda claro que la igualdad formal no garantiza la igualdad real, de ahí la importancia de la presencia de las mujeres en los espacios de poder para que se puedan cambiar las cosas.

Desde 1975 el 8 de marzo ha sido institucionalizado por la Asamblea de las Naciones Unidas como el Día Internacional de la Mujer y se conmemora la lucha de las mujeres por su participación, en igualdad con el hombre, en la sociedad y su desarrollo íntegro como persona. El 8 de marzo de 1857 un grupo de obreras textiles salieron a las calles de Nueva York para protestar por sus míseras condiciones laborales. El 5 de marzo de 1908 otro grupo de obreras de la misma ciudad protestaron por reivindicaciones similares. Más de un centenar de estas mujeres perecieron en un incendio en la fábrica donde trabajaban, atribuido a su dueño como respuesta a la huelga. Se dice que el humo que salía era morado por los tintes que allí había. Por eso el morado es el color simbólico de la Igualdad.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 55, MARZO DE 2018

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