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Atlántica XXII

Masonas, liberales y liberadas

Afondando

Masonas, liberales y liberadas

Ilustración, basada en un cuadro de Moritz von Schwind, de la portada del libro "Masonas" (Editorial Almuzara) de Yolanda Alba.

Ilustración, basada en un cuadro de Moritz von Schwind, de la portada del libro “Masonas” (Editorial Almuzara) de Yolanda Alba.

El feminismo apareció en la Francia de la Ilustración en el siglo XVIII. Hoy está aceptado que es el principal movimiento de los últimos tiempos, el que más ha impactado a la sociedad occidental y el que más está transformando los usos y costumbres, al emancipar a las mujeres como personas libres. Pero lo que no se ha dicho hasta ahora es que muchas de las feministas históricas de todos los confines eran masonas, interesadas en aquella moderna sociedad fraternal de pensantes racionalistas en la que las diferencias religiosas no eran un obstáculo para el diálogo y el encuentro.

Yolanda Alba / Periodista y autora del libro Masonas. Historia de la masonería femenina (Editorial Almuzara).

El discurso racional de la Masonería también traspasó el Atlántico y en México encontramos a las primeras masonas: Josefa Ortiz “La Corregidora” (1768-1829), heroína en su país por su participación en la independencia, y la escritora Leona Vicario (1789-1842), miembro de Los Guadalupes y participante en el proyecto insurgente desde el mismo centro de su élite, y como corresponsal de guerra. En la orilla europea, en 1789, el pueblo de París tomaba la Bastilla y a partir de este momento nada será igual en el mundo, hasta entonces dominado por tiranos déspotas y clérigos con un inmenso poder terrenal.

Con los aires de libertad la Masonería creció. En 1830 era iniciada en ella la franco-peruana Flora Tristán (1803-1844), activista, escritora y pionera del internacionalismo, además de abuela del pintor Paul Gauguin. Emprendió campañas a favor de la emancipación de la mujer y los derechos de los trabajadores, luchando enconadamente contra la pena de muerte y la esclavitud desde todos sus libros (en La Unión Obreraanticipa el lema lanzado por Marx posteriormente: “Proletarios del mundo, uníos”). A lo largo del siglo XIX, no solo en Francia sino también en España -países de dominio católico-, el feminismo se fue construyendo desde logias masónicas controladas por varones librepensadores. El objetivo de las mujeres que participaban en ellas era la instrucción femenina y la creación de escuelas, academias, círculos o asociaciones donde las mujeres se formaran en “la Razón y el Progreso”.

Flora Tristán fue masona y pionera del internacionalismo.

Flora Tristán fue masona y pionera del internacionalismo.

La presencia femenina o colaboración en la Orden se limitaba a la participación individual de ciertas mujeres que ya habían demostrado su categoría intelectual, como es el caso de las escritoras y periodistas Ángeles López de Ayala y Amalia Domingo Soler; la escritora y jurista Concepción Arenal, las hermanas Carvia, la líder federalista Belén Sárraga, la gallega Pilar Amandi de Ozores (condesa de Priegue), miembro de las Hijas del Sol, y otras. Una selecta minoría de liberales y liberadas, conocidas republicanas, federalistas y librepensadoras, fueron a la vez masonas. Se relacionaron de lleno con la causa anticlerical y el pacifismo. Rosario de Acuña, de nombre simbólico “La Hermana Hipatia”, ya reivindicaba, en bien de la Humanidad entera, no solo la igualdad jurídica, sino algo más profundo que parte del género masculino se niega todavía hoy a aceptar: el desmoronamiento de la sociedad patriarcal. La dramaturga vecina de Gijón abogó siempre por una sociedad laica y democrática.

En América, ya las ObedienciasMasónicas deArgentina, Cuba, Brasil, Méxicoy otros paísesestablecieron logias delRito de Adopción -talleres de señoras creados bajo la tutela de logias masculinas-. En EEUU, otra masona, la filántropa Clara Barton (1821-1912), creó la Cruz Roja estadounidense y fue autora de la enmienda americana que proporcionaba poderes a la Cruz Roja no solo en guerra sino en otras calamidades.

Logias mixtas

En Francia, en 1891, la periodista y abogada Maria Deraismes -vicepresidenta del primer congreso anticlerical de Francia- es expulsada de la Masonería. Su respuesta sería un órdago en toda regla: junto a otros hermanos expulsados iniciará una nueva fórmula heterodoxa rompiendo esquemas tradicionalistas, la Masonería Mixta o Co-masonería, que se iba a diferenciar sustancialmente de las existentes por admitir, en pie de igualdad, dentro de una misma logia, a “hermanos” y “hermanas”. Clemence Royeres otra relevante mujer a la que hay que incluir en lo que respecta a la creación de esta orden masónica que pasó a llamarse El Derecho Humano. Antropóloga, arqueóloga, filósofa, librepensadora, científica y republicana, proclamaba en sus clases de Lógica que “la diferencia de género no puede justificar la dominación de un sexo por otro”. Científica reconocida, tradujo al francés la obra de Darwin, pero su investigación fue más allá y fue considerada hereje científica al refutar la teoría darwiniana de la inferioridad de la mujer. Como a otras tantas librepensadoras, el discurrir de los tiempos le daría la razón. Sus teorías y estudios consiguieron que en 1870 fuera la primera mujer admitida en la Sociedad Antropológica de París.

El Derecho Humano extendió rápidamente su acción en el mundo y a partir de entonces se empezó a extender internacionalmente la masonería mixta, sin olvidar que ese desarrollo estuvo cercado por los partidarios de una masonería exclusivamente masculina y por otros que, aunque más abiertos intelectualmente, preferían seguir con el Rito de Adopción. En 1902 levantó sus columnas la primera Logia de la Orden en Gran Bretaña. A ella se apuntó Annie Besant (1847-1933), otra célebre feminista y médica inglesa, miembro fundador y destacada secretaria general de la Sociedad Fabiana, institución antecesora del actual Partido Laborista de Inglaterra.

Las adelantadas portuguesas

Pero serían las masonas lusas las primeras que fundarían logias independientes femeninas, algo que no llegaría a otros países hasta la II Guerra Mundial, cuarenta años más tarde. Adelaide Cabete fue quien, con otras hermanas, conseguiría en 1907 que dos logias femeninas obtuvieran su estatuto de independencia. En Portugal existía un culto movimiento de mujeres activistas reconocidas por su valor intelectual con la “triple militancia”: masonería-republicanismo-feminismo. La Constitución masónica portuguesa de 1907 fue una de las más progresistas de todas las precedentes y una de las más innovadoras, ya que fue redactada por intelectuales damas feministas, como Ana de Castro Osorio (1872-1935), amiga íntima de la escritora y periodista española también masona Carmen de Burgos “Colombine”. Pionera de la literatura infantil en Portugal y pedagoga, Ana de Castro escribió, en 1905, Mujeres portuguesas, el primer manifiesto feminista portugués. Fue en 1907 una de las fundadoras del Grupo Portugués de Estudios Feministas y de la Comisión Femenina ‘Por la Patria’, en 1916.

Otra viajera infatigable, amiga de Deraismes, que se paseó por toda América Latina describiendo cada uno de los países en su libro, publicado en Lisboa en 1905, El clericalismo en América a través de un continente, fue la republicana y masona española Belén Sárraga. Ese año formaba parte del Consejo de Gobierno de la Federación Argentina de El Derecho Humano. Defendía la libertad de conciencia, fuera de todo dogma religioso, y la de instrucción. Fue tan decisiva y elocuente su influencia que se crearon varias organizaciones llamadas “Centros de Mujeres Librepensadoras Belén de Sárraga”, donde se luchaba por el laicismo, la emancipación de las mujeres y contra el alcoholismo y el machismo. Residió en México, donde fundó la Federación Anticlerical Mexicana: “El clericalismo recorta las libertades, anula la tolerancia y frena el laicismo”. Regresó a España en 1931 pero, después de la Guerra Civil, se exilió en México, donde falleció en 1951.

Derechos Humanos y de la Mujer

Las masonas españolas estuvieron ligadas a los sectores más liberales de la masonería, lo cual es lógico, ya que la otra rama no las aceptaba. Esta tendencia subsistió en los primeros años del siglo XX y durante la II República española. Entre las masonas de la época, brilló la originalísima niña prodigio Hildegart Rodríguez Carballeira (1914-1933). Miembro muy activa del PSOE y de UGT, y posteriormente del Partido Federal, escritora brillante -varios best-sellers en la época- y defensora de los derechos de la mujer, fue una de las personas más activas de su tiempo en el movimiento por la reforma sexual en España y estuvo conectada con la vanguardia europea en ese tema. Fue la traductora de Havelock Ellis y secretaria de Gregorio Marañón.

La masona Eleanor Roosevelt, activista de los derechos humanos.

La masona Eleanor Roosevelt, activista de los derechos humanos.

Y, por supuesto, una de las masonas españolas históricas más importantes fue Clara Campoamor (1888-1972), iniciada en el Gran Oriente Español. Defensora de los derechos de la mujer, diputada y ateneísta, consiguió por primera vez en la historia de España la aprobación del sufragio femenino. Gracias a ella, y desde entonces, las españolas podemos votar. Fue una conquista democrática. El voto femenino y yo: mi pecado mortal está valorado como uno de los libros políticos más admirables y menos divulgados del siglo XX español. En 1936, con la persecución y amenaza de muerte a los masones, se exilia en Lausana hasta que en 1938 viaja a Argentina. A finales de los cincuenta intentó regresar a España dirigiendo una carta al tristemente célebre Tribunal de la Represión de la Masonería y el Comunismo. Este le planteó una terrible disyuntiva: la cárcel o delatar a sus antiguos hermanos masones. Haciendo gala de sus valores y de su Fraternidad, Campoamor jamás regresará a su patria.

Y siguiendo la estela de las vanguardistas atlánticas encontramos a Anna Eleanor Roosevelt (1884-1962), escritora, diplomática, activista por los derechos humanos y feminista -además de esposa del presidente de EEUU, Franklin Delano Roosevelt-. Está considerada como una de las líderes que más ha influido en el siglo XX. Presidió el Comité de Derechos Humanos de la ONU y su papel fue clave en la aprobación en 1948 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Y bajando hacia el Sur, hay que citar a Alicia Moreau de Justo (1885-1986), médica, política, educadora y defensora de los derechos humanos y los de la mujer. Era hija de un revolucionario francés exiliado en Inglaterra por su participación en la Comuna de París en 1871. Hacia 1890 la familia llegó a Argentina. En Buenos Aires, en 1906, participó en el Primer Congreso Internacional de Libre-pensamiento, donde conoció a Belén Sárraga, cuya encendida oratoria, distinta a la suya, le impactó profundamente. La argentina colaboró hasta su muerte con las Madres de Plaza de Mayo.

De Brasil era la primera mujer que escribió un libro sobre las masonas y lo hizo en 1922, titulándolo A mulher e a maçonaria. Maria Lacerda de Moura (1887-1945) tuvo mucha relación personal con Ana de Castro y fue otra pionera en el campo de estudios sobre la condición femenina, “la arquitecta del feminismo brasileiro”. Su obra ha sido tristemente silenciada durante cincuenta años, incomprendida por sus contemporáneos, y rescatada en la historiografía en los años ochenta por Miriam Lifchitz Moreira, de la Universidad de São Paulo.

Joséphine Baker

En la II Guerra Mundial las masonas fueron perseguidas y deportadas y a pesar de ello muchas hermanas participaron en la resistencia francesa contra el régimen nazi. Entre ellas, Fabienne L’Echarpe (1898-1994), Márcele Chébroux (1898-1981), Gilberte Arcambal (1901-1993), Marianne Monnestier (1908) o Simone Raspail (1908 ‑1991). Y con luz propia se distingue la franco-americana defensora de los derechos civiles de las personas de piel negra e integrante de la resistencia, Joséphine Baker (1906-1975). Cantante, bailarina y empresaria de teatro, descendiente de una familia pobre, llegaba a París en 1925 para actuar con la liberal La Revista Negra, donde se convirtió en una celebridad y fue reclamada en ciudades de los dos continentes -prohibida en Munich y  excomulgada en Santiago-.

En 1940, la Hermana Joséphine se unió a la Francia libre, sirvió en Argelia como enfermera y fue conductora de ambulancias y agente de información, servicios por los que fue premiada con la Legión de Honor. Introdujo el charlestón en el viejo continente y protagonizó varias películas de éxito. Después dejó los escenarios y se dedicó a la masonería y a la infancia. Adoptó 13 niñas y niños de distintas razas, ayudada económicamente por Gracia de Mónaco.

Mientras, al otro lado del Canal de la Mancha, en Inglaterra, se incorporaban a la masonería tanto profesoras como científicas, aventureras, políticas, nobles, intelectuales, astrónomas, escritoras, o… simplemente esposas. Pobres y ricas. Unidas en libertad, igualdad y fraternidad. Hermanadas, en busca de sabiduría y trabajando por un mundo mejor. Hasta hoy.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 32, MAYO DE 2014

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