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La vida de lujo de los venezolanos ricos exiliados en Madrid

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La vida de lujo de los venezolanos ricos exiliados en Madrid

La comunidad venezolana en España alcanza ya la cifra de los 100.000 residentes, entre los que se encuentran grandes fortunas que han escapado del país para proteger sus posesiones

 

 

Fran García-Martín |Periodista 

 

 

Son extremadamente ricos y han desembarcado en Madrid huyendo de la inestabilidad que pone en riesgo sus fortunas en Venezuela. Unos se oponen al régimen de Maduro. Otros comulgan con él. Pero todos han decidido invertir en España.

Basta con darse un paseo por el barrio de Salamanca para percatarse de ello. La burguesía venezolana, exiliada o no, ha crecido exponencialmente en los últimos años en la zona más distinguida de la capital española. Sus empresas se anuncian en los portales de la milla de oro, junto a las boutiques de lujo. Viajan con chófer y frecuentan los bares y restaurantes más exclusivos, donde nada más entrar se escucha un acento que hace años era mucho más difícil de encontrar.

Según las cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE), la comunidad venezolana en Madrid es la que más ha crecido en el último lustro (más del 100%) y sólo en los primeros seis meses del año pasado se triplicó el número de llegadas. En 2018 se afianzó como una de las diez con más solicitudes de residencia formalizadas. En total, hay empadronados en España más de 100.000, a los que habría que sumar los que no tienen papeles o conservan su residencia en otro país.

El éxodo comenzó a principios de la década, pero se acentuó sobre todo tras el año 2013. La muerte de Hugo Chávez marcó un antes y un después. Igual que lo hizo la llegada de Nicolás Maduro. Muchos de los que antes se sentían a salvo con el comandante, dejaron de tener esa percepción con su sucesor. La situación económica del país, fuertemente debilitada por los años de sanciones y el saqueo de las arcas públicas, aceleró su caída en picado con el ascenso del nuevo presidente al palacio de Miraflores, al tiempo que la hiperinflación se disparaba hasta techos insospechados.

DE MIAMI A MADRID

Así que las grandes fortunas que aún no habían puesto su dinero a salvo en Miami o Nueva York comenzaron a buscar nuevos refugios. Años mas tarde, la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca supuso otro obstáculo añadido para según qué extranjeros en suelo estadounidense. Madrid se convirtió entonces en el destino ideal. Y el barrio de Salamanca, en la pequeña Caracas al otro lado del Atlántico.

“Evidentemente es una gran alternativa para hacer negocios inmobiliarios”, explica Luis Gregorio Faría, encargado de la división de residencial de Knight Frank, una de las grandes inmobiliarias de lujo asentadas en la capital. “Es una de las ciudades europeas de referencia y todavía resulta bastante más barata que Londres o París. Además, tras la crisis, el mercado español y, más concretamente el madrileño, tiene margen de crecimiento. Comprar aquí es sin duda una buena operación de cara al futuro”.

“Hemos constatado un aumento de clientes venezolanos de entorno al 10% con respecto a 2016”, añade Paloma Pérez, directora general de Engel & Volkers España. “Y no es un dato aislado. Aparte de la situación que pueda estar atravesando Venezuela, el hecho de que decidan venir a Madrid tiene mucho que ver con el factor cultural, la lengua, el clima y también la seguridad que tienen aquí para sus familias. Esta ciudad supone la puerta de entrada a Europa más directa para ellos. Muchos, incluso, están trasladando sus negocios aquí”.

El cliente venezolano que acude a una de las grandes firmas de lujo inmobiliario busca un piso de al menos 200 metros cuadrados y que sea exterior. Pertenece a la alta sociedad de Caracas, quiere un mínimo de tres habitaciones y tres o cuatro baños. Y todo ello en un edificio con valor histórico y reformado con materiales de primera calidad. “Lo que nos gusta a todos”, bromea Faría.

LA MILLA DE ORO

Sus barrios preferidos son los de Salamanca, Jerónimos, Justicia, Retiro, el Viso, la zona de Almagro, en Chamberí, o Conde Orgaz, en Arturo Soria. Si deciden salir del centro, se van a La Finca, en la Moraleja, o a Pozuelo. El metro cuadrado en esos distritos oscila entre los 6.000 y los 9.000 euros, aunque puede dispararse hasta los 15.000 o más aún en función de la reforma que haya tenido el inmueble.

“Son viviendas clásicas con todas las comodidades imaginables”, prosigue Pérez. “Y el precio oscila entre el millón y medio de euros y los dos millones y medio. Normalmente pagan al contado y en dólares que transfieren desde sus negocios internacionales a una cuenta que previamente han abierto en España. Son personas con un alto nivel adquisitivo”.

“Una vez adquieren un inmueble, no suelen alquilarlo, aunque no residan en España”, explica Samuel Población, director de residencial en CBRE. “Lo quieren para sus desplazamientos a Europa, o para sus hijos si estos estudian en Madrid. Son empresarios que ya conocen el terreno o están intentando abrirse camino aquí.”

Además, existe otro aliciente. La legislación española aprobada en plena crisis para atraer capital extranjero permite a ciertos inversores conseguir rápidamente el permiso de residencia. “Es lo que se conoce como la Golden Visa”, aclara el abogado Leonardo Britto León, otro venezolano instalado en España desde hace diez años. Entre otras cosas, su bufete asesora a particulares y empresas que quieran hacer negocios en España. “La residencia es prácticamente automática si uno invierte medio millón de euros en un activo inmobiliario”, explica. “Aunque no es la única manera, también pueden obtenerla invirtiendo un millón de euros en una sociedad española. O comprando deuda pública española por valor de dos millones. Y evidentemente, el Banco de España supervisa todos esos movimientos”, puntualiza. Dos años después pueden solicitar también la ciudadanía, “aunque muchos no la necesitan porque tienen pasaporte español gracias a sus padres o sus abuelos”, remata Britto.

Saber quiénes son es mucho más difícil que conocer sus gustos. Son discretos y se mueven en círculos cerrados, aunque a menudo coinciden en lugares comunes, en la terraza del Café Murillo, el Velázquez 17, el restaurante Amazónico, el Paraguas, o acodados en la barra del Ten con Ten. Muchos están exiliados o ya no se sentían seguros en su país. Otros, sin embargo, pertenecen al núcleo duro del chavismo o han hecho negocios con el regimen; son los conocidos como boliburgueses y sus sucesores, los bolichicos.

PROMOTORES EN TIEMPOS DE CRISIS

La familia Capriles lleva años instalada en la capital española. El primo del líder opositor Henrique Capriles, Miguel Ángel Capriles, dirige en Madrid el grupo Gran Roque, una promotora inmobiliaria que en los últimos años ha adquirido decenas de inmuebles en el centro de la ciudad, casi todos catalogados como históricos o protegidos. Gran Roque ha ofrecido promociones en las calles Barquillo, Españoleto, Serrano Anguita, Pablo Aranda, Lagasca, Fernando VI, Alcalá, Emilio Campión y Santa María Magdalena. Aprovecharon el peor momento de la crisis para hacerse con activos inmobiliarios a bajo precio que ahora, una vez reformados y pasados los mayores rigores de la recesión, han multiplicado por tres o por cuatro su valor.  

The Corner Group ha seguido la misma estrategia: comprar barato y vender caro a clientes que pueden permitirse lo mejor. El grupo, también venezolano, está dirigido por Roberto Perri Aristeguieta, Marco Esteban Zarikian y Alfredo Calzadilla. Juntos se han hecho con edificios en las céntricas calles de Fuencarral, Barquillo, Gran Vía, Castelló, Toledo, Núñez de Balboa o Francisco de Rojas.

A ellos se suma Italinmuebles, de Maximilian Pizzorni, cuya multimillonaria familia posee en Puerto Rico el banco Italbank. Situada en pleno corazón de la milla de oro madrileña, Italinmuebles promociona edificios en las calles de Velázquez y Montalbán, en el barrio de Chamberí y varias casas más en La Moraleja.

El grupo Sambil, de la familia Cohen, también entró con fuerza hace años en la capital española. Y sus empresas poseen en Leganés el mayor centro comercial del país y varios inmuebles en el barrio de Salamanca.

EL CHAVISMO

Por Madrid también se pasean, o han paseado, varios altos cargos del régimen de Chávez y otros afines a Maduro. De hecho, hace algo más de un año, la policía española detuvo en la capital a Nervis Villalobos, Luis Carlos León y Rafael Reiter. Los tres estaban asentados en la capital desde hacía tiempo.

Villalobos fue viceministro de Energía del régimen chavista y vivía en La Moraleja a todo tren. Poseía al menos una sociedad en España, Kingsway, situada de nuevo en el barrio de Salamanca, y varias más en Andorra, Panamá, las Islas Vírgenes y Madeira, hasta que el escándalo de la Banca Privada Andorrana y su filial en Madrid, Banco Madrid, le saltó en las narices. En febrero del año pasado, el gobierno español aprobó su extradición a Estados Unidos, donde le requieren por blanqueo de capitales, pago de sobornos y asociación criminal. León, por su lado, formó parte del directorio de Electricidad de Caracas, subsidiaria de la saqueada petrolera de Venezuela (PVDSA). Y Reiter era uno de los hombres de confianza de Rafael Ramírez, el antiguo presidente de la petrolera pública en tiempos de Chávez, que más tarde sería ministro con Maduro y que ahora está enfrentado con su mentor.

Poco antes de esos arrestos, y acusado de cargos similares, había sido detenido en Houston e interrogado por el mismo caso el magnate venezolano Roberto Rincón, que también llevaba años residiendo en Madrid, donde había registrado la empresa Tradequip, con sede en la calle María de Molina. La boda de su hija en un palacete medieval de Ávila fue portada en la prensa rosa nacional. Según las autoridades venezolanas, Rincón y sus socios saquearon más de 500 millones y blanquearon en España más de 160. Su caso está en manos del juzgado número 41 de Madrid.

Otro venezolano ilustre de La Moraleja es Gustavo Mirabal Castro, abogado y empresario apasionado por el mundo de la hípica. Conectado con figuras clave del chavismo, Mirabal es hijo del exgobernador de Miranda en los años ochenta, Gustavo Mirabal Bustillos. Su nombre aparece vinculado a empresas inmobiliarias, agropecuarias, deportivas, financieras y de servicios. Decidió mudarse apresuradamente de Estados Unidos a España hace ya algunos años.

Ernesto Velasco es arquitecto de profesión. Y multiplicó su fortuna gracias a la remodelación urbanística de Caracas con los contratos que consiguió durante la época de Chávez. En Madrid, posee una lujosa vivienda en El Encinar de los Reyes, no muy lejos del Club de Golf de La Moraleja.

Junto a ellos, despuntaron los conocidos como “los bolichicos”, que también dieron el salto a Europa. Son un grupo de jóvenes empresarios que se hicieron inmensamente ricos entre los años 2009 y 2011. Con apenas un año de experiencia en el sector energético, consiguieron al menos once contratos con el gobierno venezolano para construir varias plantas eléctricas en el país. Dentro de ese grupo sobresalen Alejandro Betancourt López y su primo, Pedro Trebbau. Ambos pasan largas temporadas en España. Y también tienen intereses inmobiliarios en Madrid. Juntos dirigen además Derwick Associates, el buque insignia de un complejo empresarial con ramificaciones en Barbados. Derwick fue investigado por las autoridades estadounidenses en relación a una oscura trama de sobornos que la justicia nunca pudo demostrar.

Conocido como el “zar de las telas” o “el empresario de los morrales de Chávez”, Atahualpa Fernández es otro de los grandes empresarios sudamericanos con presencia en la capital española. No es venezolano, sino peruano con la doble nacionalidad española. El mundo textil conforma sólo una parte de sus negocios y mantiene muy buenas relaciones con la cúpula militar del régimen.

Y, por último, en esa esfera destaca también el ministro de Defensa, Vladimir Padrino, cuyos hijos residían hasta hace poco en Madrid. La familia de Padrino habría salido del país después de que la Unión Europea aprobara en enero de 2018 sanciones contra su padre y otros seis altos funcionarios venezolanos, aunque siguen conservando su residencia madrileña para visitas esporádicas.  

 

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